Un grupo de amigos despierta en un lugar desconocido y nadie recuerda cómo llegaron hasta allá. Tampoco dónde puede estar el miembro del grupo que falta en la habitación. Lo que sigue es una desopilante aventura en la que todos tratan de encontrar al que se perdió y, al mismo tiempo que el público, enterarse de qué fue lo que los llevó a esa situación. Ese es el esquema sobre el que el director Todd Phillips construyó un impresionante éxito de taquilla ("¿Qué pasó ayer?", 2009) y su inevitable secuela ("¿Qué pasó ayer? Parte 2", 2011). En ambos casos, la estructura es idéntica: lo que antes pasaba durante la despedida de soltero de Doug (Justin Bartha) en Las Vegas, ahora ocurre en Bangkok antes del casamiento de Stu (Ed Helms). En la primera parte se extraviaba el novio; en la secuela no pueden encontrar al futuro cuñado. Pero esto es simplemente un pretexto para disparar las más dislocadas situaciones. En ambas producciones, el gran secreto del impacto en el público está en la relación singular que se establece entre los personajes: el carismático pero irresponsable Phil (Bradley Cooper), el siempre humillado Stu y el inclasificable Alan (Zach Galifianakis).

Phillips trata de repetir el elenco técnico y artístico en sus filmes. La temática de las juergas entre amigos siempre atrajo al director; antes de estos dos éxitos filmó "Viaje censurado" (2000), el periplo de un grupo de amigos que intenta impedir que un video llegue a manos inconvenientes, y "Aquellos viejos tiempos" (2003), en la que tres hombres frustrados por la vida intentan recrear las épocas de la escuela secundaria. También describió en "Todo un parto" la convivencia de dos personas diametralmente opuestas, forzadas a compartir un largo viaje en automóvil.

Si los números de la taquilla de esta segunda parte confirman el excelente comportamiento que han tenido en el lanzamiento, la tercera parte no tardará en llegar. Galifianakis ya ha adelantado que el esquema del filme se armará alrededor del rescate de su personaje, que estará internado en una institución para enfermos mentales. El propio director ha dejado entrever otra pista: dijo que está escuchando ofertas ("como el Comité Olímpico", ironizó) para definir cuál será la ciudad en la que transcurrirá la próxima aventura de los inefables compinches.