Un amigo, placer, una compañía, una posibilidad de soñar, de imaginar, de aprender, reflexionar, de compartir lo imaginado, lo aprendido, las sensaciones. "Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora", dicen los hindúes. "Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo", sostienen los árabes. Hoy se celebra en la Argentina que Día del Libro, celebración que comenzó en el país el 15 de junio de 1908 como "Fiesta del Libro". Ese día se entregaron los premios de un concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres. En 1924, el decreto Nº 1038 del Gobierno Nacional declaró como oficial la "Fiesta del Libro". En 1941, una resolución ministerial propuso llamar a la conmemoración "Día del Libro" para la misma fecha.

Según una estadística de la Cámara Argentina del Libro, divulgada por la Revista Ñ hace poco más de dos semanas, en 2010 las editoriales lanzaron a la venta 22.781 títulos, lo cual implica unos 60 millones de ejemplares. En ese universo, los libros de literatura llevan la delantera con 16.733.455 de ejemplares. En segundo lugar, se ubican los libros dirigidos al público infantil y juvenil, con 16.458.358 ejemplares. El tercer puesto es ocupado por las publicaciones de temáticas vinculadas a las ciencias sociales y humanísticas, con 15.795.615 unidades.

En Tucumán no hay estadísticas oficiales. En los últimos años, hubo tal vez un incremento de ediciones independientes, cuyo principal inconveniente suele ser la distribución. Publicar en editoriales Buenos Aires implica disponer de recursos económicos porque tanto allá como aquí el autor debe costear la edición, aunque en algunos casos, se apela al sistema de coproducción que da un mayor respiro al escritor. En varios países europeos, las editoriales suelen absorber el costo de la publicación y le pagan por anticipado al autor por las futuras regalías.

El vertiginoso avance de la informática ha dado a luz en los últimos años los audio libros y los libros digitales, cuya venta en la Argentina es aún incipiente. Tal vez en el futuro ese sea el formato y como se augura siempre ante cualquier novedad, sea el certificado de defunción para el libro actual, no lo sabemos. Cuando apareció la televisión, se dijo que era la muerte de la radio y del teatro y los dos continúan vivos.

Más allá de la cantidad de libros que se editan anualmente en el país, habría que preguntarse cuántos lectores tienen esos volúmenes. Se dice que las actuales generaciones leen menos que las anteriores. Es decir que el problema no pasa por el formato ni por la cantidad, sino por recrear el hábito de leer libros.

Si los padres no leen y tampoco los maestros, difícilmente los chicos lean. Esta costumbre se construye en la infancia. Por ejemplo, siempre se dijo que la televisión es un medio fantástico para enseñar por su poder de penetración en los hogares. Sin embargo, salvo en el canal Encuentro o en la señal Paka Paka, son casi inexistentes en horarios centrales los programas que promuevan la lectura u otros contenidos educativos.

Si un libro no tiene lectores no sólo es un amigo que espera, está en muerte vegetativa hasta que alguien lo abra y se sumerja en sus páginas. Si no generamos niños, padres, abuelos lectores, iremos tal vez rumbo a una sociedad cada vez más superficial y deshumanizada.