En Europa, Argentina es sinónimo de tango; carne; Maradona y fútbol, y de la literatura de Borges, Sabato, Bioy Casares y Cortázar. Pese a las distancias de todo tipo, sobran los nexos y las afinidades culturales. Algunas simpatías son auténticos caprichos de la historia. Un ejemplo de ello es el cariño que los austríacos sienten por el polémico Mundial de 1978 gracias al legendario partido -despachado en Córdoba- en el que su selección derrotó a la alemana por 3 a 2.

Los lazos existen y se actualizan permanentemente, confirman los cuatro diplomáticos que viajaron a Tucumán para inaugurar la 3º Muestra de Cine Europeo -comenzó ayer, con la proyección de "Celda 211", del español Daniel Monzón-. "El desafío es profundizar y ampliar las relaciones", explica Stepan Zajac, embajador de la República Checa, a Carlos Abrehu, secretario general de la Redacción, durante la visita que hizo a LA GACETA junto a César García Álvarez, ministro consejero de la Delegación de la Unión Europea (UE); Aldo Herlaut, consejero de Cooperación y de Acción Cultural de la Embajada de Francia; Robert Zischg, embajador de Austria, y Luis Bravo, subsecretario de Relaciones Internacionales del Gobierno de Tucumán.

La transformación de los vínculos en gran medida depende de un anhelo surgido en la década de 1990: la concreción de un tratado de asociación entre la UE y el Mercosur. Aunque cautos, los diplomáticos advierten avances en la discusión del pacto interregional tras la decisión de Argentina y España de desbloquear la negociación -estuvo paralizada entre 2004 y 2010-. En ese período, los Estados miembros de la Unión Europea suscribieron el Tratado de Lisboa, que, entre otras reformas, establece una política exterior común para los 27 países que integran el bloque.

"Hay un proceso negociador en curso, pero no se sabe si será posible cerrar un acuerdo a corto plazo", apunta García Álvarez, que asegura que Argentina es un socio importante de la UE. "En el último tiempo, hubo cinco rondas de trabajo", añade Zischg. Los diplomáticos aseveran que el proceso es engorroso en parte por las asimetrías institucionales de ambos bloques: mientras la UE tiene órganos propios y consolidados, las decisiones del Mercosur están supeditadas a la aprobación de los Gobiernos de los países que lo componen.

Los diplomáticos también justifican la demora y las dificultades para llegar a consensos en la importancia de las materias en debate: el comercio, el diálogo político y la cooperación. "La negociación es compleja, pero hay que desdramatizar. Buscamos un acuerdo equilibrado y ambicioso, que debería alcanzar al 90% del comercio entre ambos bloques. Para Argentina, esto podría ser una oportunidad extraordinaria", opina el ministro consejero de la Delegación de la UE. Según su criterio, cerrar un tratado de asociación supone un matrimonio para -al menos- 40 años: "para casarse, primero hay que crear confianza mutua".

Argentina es cada vez más confiable, de acuerdo con los emisarios europeos. "Antes prevalecía la cultura de las relaciones violentas. Ese modo de arbitrar las diferencias parece superado; el país va por buen camino", expresan invitando a ver el "vaso medio lleno". Y pronostican que el día que el país se abrace definitivamente a la institucionalización, desaparecerá la (dañina) inclinación por los personalismos.