Existe desde siempre porque está en el interior del hombre, pero en los últimos lustros la violencia ha crecido en forma más que preocupante en nuestra sociedad y se ha proyectado en casi todos sus estratos. En algunas realidades se desliza silenciosamente y a veces los protagonistas y testigos tratan de ocultarla, pero sus efectos tarde o temprano salen a la luz. Ello viene sucediendo en algunas escuelas y colegios secundarios.

Una empresa que brinda un servicio de emergencias médicas, recibe alrededor de 400 llamados diarios, y un centenar proviene de las escuelas públicas de la capital y el conurbano. Una periodista de nuestro diario compartió una mañana de trabajo a bordo de las ambulancias. Durante ese lapso se recibieron 103 llamados: 47 por hechos de violencia y 56 por accidentes o enfermedades. Otro día, de 106 llamados 46 se debieron a violencia; y de las víctimas, 20 eran mujeres y 26 varones. En el caso de las chicas, 11 habían sido agredidas por un varón.

Los hechos de violencia no sólo tienen por protagonistas a los alumnos. En una escuela de La Ciudadela, los padres denunciaron que los estudiantes la estaban saqueando. El jefe del destacamento policial de esa barriada dijo que todos los días controlan la calle a la hora de la salida y que con frecuencia deben calmar a los padres, porque usan la vereda para ajustar cuentas pendientes con otros padres o con compañeros de sus hijos.

Algunas directoras han solicitado guardias policiales en las inmediaciones de los establecimientos para preservar la seguridad física de profesores y estudiantes. Una docente dijo que es frecuente ver a alumnos que llegan desvelados como consecuencia de peleas que ocurren sus hogares. De ese modo, los empujones, los juegos violentos y las discusiones son parte la convivencia diaria entre los chicos. Por otro lado, los educadores temen a veces poner límites a la mala conducta para no desencadenar la furia de algunos padres que pueden agredirlos. Este se halla de manera permanente bajo presión porque no sólo se le exige que enseño, sino que además sea psicólogo, médico, sociólogo y policía.

En un debate, organizado por LA GACETA en mayo de 2008, en el que participaron alumnos, padres, docentes, abogadas, psicólogas y funcionarias de Educación, se analizaron las causas de esta problemática y surgieron ideas orientadas hacia una solución posible. Entre las propuestas, se señaló que era necesario un trabajo interdisciplinario; desarrollar los sistemas de tutorías, de autodisciplina, de convivencias y talleres culturales; impulsar la mediación escolar como una herramienta para promover el diálogo entre los chicos. Se habló de desterrar el trinomio violencia-pobreza-exclusión, del autoritarismo de los profesores y de su maltrato verbal hacia los estudiantes, de propiciar con más intensidad las prácticas deportivas como una posibilidad de descargar energías, que las directoras no oculten los episodios de violencia por temor de ser sancionadas por el Ministerio, de recurrir al Gabinete Psicopedagógico ante los síntomas de violencia y no aguardar a que esta se desencadene. Pero también debería haber talleres para padres de chicos violentos.

Los chicos son, por lo general, el reflejo de sus padres. Si en la casa reina el autoritarismo, la agresión física o verbal, la ausencia de diálogo, ellos serán emergentes de esa realidad y repetirán esa conducta con el prójimo en cualquier lugar. Ya desde jardín de infantes habría que educar a los niños para la paz. Tal vez de ese modo construiremos una sociedad menos violenta y más digna. "No hay camino para la paz, la paz es el camino", dijo Mahatma Gandhi.