Cada vez resulta más difícil evadir o eludir el pago de los impuestos, dice a LA GACETA una fuente de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). El grado de sofisticación informática es tal que sólo en centro de operaciones se almacenan más de 40.000 millones de registros de los contribuyentes de todo el país. Algunos de los soportes informáticos instalados en la denominada "Sala Cofre" llevan el nombre de científicos reconocidos mundialmente.

Allí va cada dato que los argentinos deben informar al fisco. Y los que no también. La base de informes está interconectada con otras redes oficiales. Así, por ejemplo, la AFIP puede saber, en tiempo real, cuando una persona que habita en una provincia compra una casa o un auto en otro lugar. También cuando alguien tiene un movimiento extraordinario de fondos en los bancos y no los declara debidamente al fisco o simplemente cuando su gasto en tarjetas de crédito no está acorde con su capacidad contributiva declarada. "Cada vez son menos los que pueden escapar a las fiscalizaciones", sostiene el vocero consultado por nuestro diario.

La AFIP no sólo sigue el nivel de ingresos de la persona. Ahora ha puesto mayor celo en el egreso o en lo que los contadores denominan "lo consumido".

El grado de sofisticación del control impositivo es tal que quienes vayan al organismo a inscribirse como nuevos contribuyentes deben dejar hasta las huellas digitales.

Desde el 24 de mayo de 2010, el organismo puso en práctica, con carácter obligatorio, un sistema de registro de datos biométricos que, en primera instancia, sólo abarca a los nuevos inscriptos y en algunos casos puntuales.

El procedimiento consiste en el registro digital de la fotografía, firma y huella dactilar, así como la exhibición del documento de identidad para ser "escaneado" del contribuyente, apoderado o responsable legal, como paso previo a la solicitud de la Clave Única de Identificación Tributaria (CUIT).