Ni tan mucho, ni tan poco; la realidad que se construye estos días y las expectativas no son parejas para los actores económicos. El valor de la moneda tucumana, el dinero que resulta y define la producción genuina, no encuentra su mejor posición en este atribulado junio. Azúcar y limón, las actividades que derraman, envuelven y cotizan en gran medida la economía del año (suman alrededor de un cuarto del Producto Bruto Geográfico) no las tienen todas consigo, aunque -potencialmente- lo que se trae la matriz que inició el obispo Colombres es puro optimismo y transformación. Habría que sumar que los valores de la soja, el comportamiento de la finanzas del Estado provincial, el buen clima general para los negocios y el fuerte empuje de los servicios agregan valor a la variante monetaria autóctona. Pero son el azúcar y el limón -en términos de clave- los productos que definen el ingreso y la capacidad de compra de Tucumán. Por caso, el azúcar está en baja, aún con buen precio, especialmente el internacional; el limón no escampa y se prevé una caída de entre el 35% y el 40% menos de ingreso para el sector. Son el trasiego de esas variantes lo que marca el tono y el ánimo de ruralistas, grandes empresarios, ejecutivos, operadores del mercado, marchantes y afines. Las incidencias y las condiciones marco del modelo, hoy señaladas por la incertidumbre política, el empuje inflacionario y un menor rendimiento de la economía argentina, aderezan y aliñan con sabor agridulce esta territorialidad regional.

No es que la bolsa de 50 kilos de azúcar se cotice en torno a $ 170/175 por el inicio de la zafra (el valor se deprecia al comenzar la producción), es que el mercado registra un stock de unas 65.000 toneladas que esperaban venderse a mejores precios, según varios operadores. Estos valores siguen siendo buenos y la actividad muestra mayor liquidez que otros año, esto es tan cierto como las diferencias que se mantienen entre industriales y cañeros (grandes y chicos), tucumanos y norteños para mantener la mesa institucional creada para defender el precio, una de las caras de la moneda regional. Con la actividad envuelta en una larga paritaria salarial, la mayoría de los actores no termina de acomodarse, la mesa de consenso no tiene miras de reunirse, el Gobierno provincial espera en el alambrado. "Todo está complejizado; es como jugar con fuego y debemos mantener el equilibrio con los ingenios del norte, pero también es posible que el proceso resulte bien porque los precios tiran para adelante", se sinceró uno de los principales actores. Por eso, lo más claro está en el futuro, en la producción de etanol (referenciado por la cotización del barril de petróleo) que podría marcar un fuerte cambio de la actividad, toda vez que se aumentará la mezcla a utilizarse en las naftas. La expectativa resuelve algunos nervios: el valor de la hectárea de caña no para de subir. Muchos sojeros se estarían pasando al azúcar y el arriendo de campos cotiza por las nubes. Así el "peso" local se apreciaría. Aunque al final esta cosecha resulte exitosa, todos tienen el Jesús en la boca porque van a tientas con el Secretario de Comercio, otro jugador que también incide en nuestra canasta. Por el lado del limón (la producción se exporta en un 95%) sus actores centrales no se ven en un año de prosperidad y hay quienes arriesgan que los ingresos llegarían a la mitad de lo recaudado el año pasado, un escenario que llevaría a una progresiva y mayor concentración de la actividad en pocas manos.

Son momentos clave para muchos. En octubre, gran parte del destino del país se juega en las urnas; por estas horas también se definen otros valores que importan para Tucumán. La economía, las finanzas, la "moneda" propia son activos y reservas que se construyen sin grandes ruidos, a veces en claroscuro. Pero la calidad de su cotización puede marcar este presente, encausar las perspectivas, señalarnos en la historia.