Botellas de plástico, latas de gaseosa, papeles, bolsas, restos de comida pueden encontrarse en los accesos a la ciudad, en las calles, en las veredas, en las plazas, en los baldíos, en los canales, en las acequias, en las banquinas de las rutas... Ríos contaminados, cerros desmontados, polución atmosférica, quema de cañaverales... Estos paisajes conviven a diario con los tucumanos desde hace muchos años.
Si bien uno de los puntos centrales es la contaminación de la cuenca Salí-Dulce que recolecta los desechos de unas 60 industrias y daña el sector del dique El Frontal, en Las Termas de Río Hondo, la basura sigue siendo una materia pendiente tanto en su destino final como en su procesamiento. Hay 120 vertederos ilegales de residuos, más lo que arrojan en baldíos y canales.
Un trabajo reciente de la Facultad de Bioquímica de la UNT determinó que los valores de polución en nuestra ciudad superan entre 10 y 500 veces lo permitido por la Organización Mundial de la Salud, un 20% más que hace dos años. Entre las principales causas, figuran el crecimiento del parque automotor y el cambio en altura de la estructura edilicia.
La investigación "Atmósfera sucia, insalubre y alergénica" realizada por la Universidad Tecnológica, Facultad Regional de Tucumán, indica que la contaminación por humo y hollín supera hasta 600 veces los límites establecidos oficialmente. Según el informe, en Tucumán se gasta entre cuatro y 10 veces más dinero que en otras ciudades en medicamentos para las vías respiratorias.
La polución sonora no es un tema menor. Las mediciones acústicas que se registran en horario pico en el centro de San Miguel de Tucumán oscilan entre 80 y 100 dB. Se sabe que después de los 65 a 70 dB el ruido se vuelve dañino.
Un dirigente de la Federación de Organizaciones No Gubernamentales Ambientalistas de Tucumán, afirmó que la Provincia no tiene una política ambiental clara y a largo plazo para resolver el problema de la contaminación. Habló de un desmonte generalizado y una falta de cuidado del suelo. En los últimos 100 años, Tucumán perdió el 70% de los bosques, especialmente por el uso de la madera y la necesidad de expandir su actividad agrícola. Respecto de la polución del aire aseveró que faltan políticas de control de emisión de gases de vehículos.
Si bien los industriales han dado algunos pasos positivos para evitar el envenenamiento de las aguas del Salí, la mortandad de peces que se produce anualmente en el embalse El Frontal, habla por sí sola y da por tierra las justificaciones que se esgrimen a la hora de tomar el toro por las astas.
El domingo se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente y Tucumán posee más aplazos que aprobaciones. El estado del medio ambiente es un espejo de las acciones del hombre. Y este habla a las claras de la incultura de los tucumanos en materia ambiental, desde el ciudadano que tira un papel en la calle al que contamina un cauce de agua o el aire. A ello se suma que el Estado no efectúa un control efectivo, a juzgar por la realidad.
Sería importante que desde la escuela primaria hasta la universidad hubiese asignaturas referidas al medio ambiente, a la salud y los asuntos viales. Los tucumanos tenemos una extraña afición por generar basura y esparcirla en cualquier parte. El único cambio de mentalidad posible vendrá desde la educación y con la aplicación rigurosa de las leyes.