MADRID.- Tras la debacle electoral del domingo, en la que perdió prácticamente todo, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, intenta recomponerse. Ayer, el partido decidió abrir el proceso interno para elegir al sucesor del mandatario, que decidió no presentarse para otro período en las elecciones de marzo de 2012. El calendario será fijado el sábado.

Las miradas apuntan sobre Alfredo Pérez Rubalcaba (vicepresidente primero y ministro del Interior) y Carme Chacón (ministra de Defensa), aunque todavía no expresaron oficialmente sus intenciones.

La construcción del nuevo líder socialista no será nada fácil después del catastrófico resultado de las urnas: una caída de votos hasta el 27,8% y casi 10 puntos y dos millones de sufragios menos que el Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy, quien volverá a exigir un adelanto de los comicios generales. Este objetivo será difícil de alcanzar: Rodríguez Zapatero reiteró que pretende terminar su mandato en forma íntegra.

El PSOE necesita tiempo tanto para concluir sus proyectos políticos como para superar la grave crisis económica que dejó casi cinco millones de desempleados (21% de la población del país) y que fue causa del descalabro electoral, según el Gobierno.

¿Podrá aguantar realmente hasta las elecciones generales de marzo de 2012? Tiene garantizada la gobernabilidad en el Parlamento, gracias al apoyo del Partido Nacionalista Vasco (PNV); pero la presión política, social y mediática va a ser mucha. A los planteos del PP se suman las protestas sociales que han ocupado plazas y calles en más de 150 ciudades, en reclamo de un cambio radical en la política, la economía y la sociedad. Los manifestantes decidieron mantener sus exigencias en los espacios públicos hasta el fin de semana, para poder organizarse y definir cómo continuar con su agenda (ver "Los indignados...").

Cambio de signo
El PSOE perdió cuatro regiones (Asturias, Aragón, Castilla-La Mancha e Islas Baleares) y el año que viene podría ser derrotado en Andalucía; sólo le quedarían Extremadura y el País Vasco, en ambos casos con coaliciones. Tampoco conducirá ninguna de las cuatro mayores ciudades españolas, ya que perdió su feudo catalán, Barcelona, en beneficio de los nacionalistas conservadores de Convergencia i Unió, y Sevilla, donde ganó el PP.

En el tercer lugar de los más votados se ubicó Izquierda Unida, mientras que los independentistas vascos de izquierda radical reunidos en el partido Bildu irrumpieron como segunda fuerza en su región (300.000 votos) y lograron la alcaldía de San Sebastián, lo que implica la presencia indirecta de Batasuna, brazo político ilegalizado de la organización armada ETA. Bildu tomó su discurso político, pero rechazó el uso de la violencia. "Esto va a implicar la retirada definitiva de ETA", dijo su vocero Pello Urizar.

"La voluntad de cambio en toda España es palpable y debe ser una antesala del gobierno que quieren los españoles", aseveró la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, tras su resonante victoria en Castilla-La Mancha, comunidad autónoma que fue gobernada por socialistas durante 30 años.

"Los votantes han querido darnos una seria advertencia y nos damos plenamente por enterados", le respondió el vicesecretario general de Organización del PSOE, José Blanco. "El malestar ha sido más fuerte que nuestros argumentos. Es algo que debemos reconocer y corregir, y estamos dispuestos a hacerlo. No es el momento de lamentarse, sino de levantarse", agregó. (Especial-DPA-AFP)