Una visita y un llamado telefónico. Demasiado poco para molestar tanto. El poderoso entretejido de la malla del poder alperovichista mostró las hilachas. Los cimientos que se vienen consolidando desde hace siete años no son tan fuertes como se creía o, al menos, como se decía.
Hebe de Bonafini es un emblema de la recuperación de la democracia argentina y hoy es una abanderada del kirchnerismo. Su opinión retumba y el eco es temido por muchos. Sin embargo, no debería haber afectado tanto al alperovichismo como lo hizo. Debilidades, vergüenzas, inseguridades y vacilaciones quedaron al descubierto. Bonafini no dijo nada nuevo. No señaló nada que no se supiera o que no estuviera claro. No obstante, fue como echarle sal en la herida a los alperovichistas. Es absolutamente cierto y real que el peronismo que gobierna la provincia hace tiempo tiene en su ADN cromosomas peronistas, radicales y hasta bussistas y comunistas. Es una gran melange que abraza y besa a todo el mundo con tal de controlarlo y manejarlo todo. Bonafini no pudo sorprender -como lo hizo- a la dirigencia política que conduce Tucumán.
Tampoco sirve para apuntar el dedo acusador contra José Alperovich ni contra su esposa Beatriz Rojkés. Ambos llegaron, los votaron y los ratificaron por los votos, para manejar la provincia y el peronismo tucumano. Incluso, la senadora integra la conducción del PJ nacional. El kirchnerismo tampoco puede quejarse de Alperovich. En los momentos más complicados fue el mandatario tucumano el que puso la cara y declaró a favor del kirchnerismo; incluso en causas en las que él mismo no estaba del todo de acuerdo, como fue la histórica discusión por el aumento y la aplicación de movilidad en las retenciones a la exportación de granos. Alperovich llegó a traicionar amigos con tal de cumplir con Néstor. Francisco "Casi" Colombres puede dar fe de ello.
Fueron un puñado de palabras y unas cuantas horas de visitas las que complicaron a José y a su troupe. Ese es el problema que aún no se puede resolver. Están todos más unidos por las conveniencias del poder antes que por la causa. A esa debilidad no hay vitamina política que pueda fortalecerla.
La orden
La historia del monterizo confirma todo esto. Juan Antonio Ruiz Olivares pudo haber sido legislador. Dejó a un costado la banca y se convirtió en secretario de la Legislatura provincial para cumplir con el gobernador. Allí se inmoló pasando a la historia en la Cámara más obsecuente de la historia de Tucson. Como premio iba en el noveno puesto de las lista de la sección electoral Oeste del Frente para la Victoria para los comicios del 28 de agosto.
La valoración duró hasta que sonó el teléfono. Uno de los hombres más fuertes del gobierno nacional transmitió el mensaje de la Presidenta: "un hombre de La Cámpora debe ir en un lugar salible". Carlos Zanini colgó el teléfono en Buenos Aires y sintió que estaba haciendo justicia. El acuerdo entre Alperovich y Néstor, desde siempre, había sido que dentro de los límites geográficos, el que manda es José. Desde hace tiempo el mandatario ve cómo algunos aviones se le pasan en nombre de Cristina y no puede hacer nada. "Gallego, te tenés que bajar; en tu lugar va Jesús Salim, de La Cámpora". Así como "Casi" Colombres hizo el asado para festejar la vocalía en la Corte que nunca llegó, Ruiz Olivares tuvo que guardar afiches y pasacalles y suspender comidas preestablecidas. De todos modos la carne y las ensaladas servirán para festejar su cumpleaños y el de otros familiares. De nuevo -como siempre y cada vez más-, el federalismo es un dibujo en una provincia en el que ni las convicciones son propias.
Otra visita lejana
La debilidad del poder humano es que, por más grande, ancho y largo que sea, jamás podrá controlarlo todo. Un pequeño olvido, una relajación inoportuna, un error de cálculo aparentemente inofensivo bastan y sobran para horadar las fortalezas hegemónicas mejor construidas y para ridiculizar a sus monarcas. Y en la hora de los hechos, lo cierto es que ni el gobernador ni un vocal de la Corte Suprema están a salvo de que una anécdota les arruine la jornada: nadie tiene inmunidad contra los caprichos del destino y del azar.
Pese a los tiros que salen por la culata, nadie podrá decir que el poder -sobre todo este- no se esmera por encontrarle la vuelta a la obsesión del control absoluto. Es una lucha con constituciones hechas a medida; es decir, sin límites ni reglas. De a poco, el Gobierno ha logrado que parezca natural esa forma desaforada de ser y de estar. Por ejemplo, ya no sorprende que recuse sin causa a un vocal de la Corte en la instancia que debe revisar la sentencia que declaró inconstitucional y nula la integración de la Junta Electoral Provincial con mayoría del Poder Ejecutivo.
Con esa estrategia antes reservada casi exclusivamente para los pleitos entre particulares, el alperovichismo no sólo se saca de encima a Goane, un magistrado que le resulta antipático, sino que también gana tiempo político. Y si unos ganan, otros pierden: para empezar, el Movimiento Popular Tres Banderas, que accionó contra el nuevo diseño de la Junta Electoral y, detrás de este, todos los partidos opositores. En un sentido amplio, corre peligro de perder también la ciudadanía, que en agosto quizá se vea obligada a participar de elecciones fiscalizadas por una institución débil y desprestigiada. Sospechada, justamente, de parcialidad; o sea, de no ser capaz de garantizar la pureza del voto.
La recusación hizo supurar a Goane. Acorazado en su despacho, rumiaba contra el fiscal de Estado. Como buen administrativista que es, recordó que Pedro Giudice no es un empleado del gobernador ni está facultado para poner intereses de un Gobierno por encima de los de la Provincia, que son los que él debe defender. Mientras el vocal decano despotricaba en Tribunales, en la Casa de Gobierno se encogían de hombros cuando alguien preguntaba quién ordenó sacar a Goane del juego. El primero en hacerse el distraído fue el propio Giudice, que no titubeó en trasladar la responsabilidad al abogado (de la Fiscalía de Estado) que lleva la causa. Que es lo mismo que decir que el asunto es tan menor que no necesita ser supervisado por un superior. Por cierto, al final es la presencia del fiscal de Estado lo que se discute: los convencionales alperovichistas reemplazaron con esta figura al ministro fiscal, que antes de la reforma controlaba las elecciones junto al presidente de la Corte y al vicegobernador. ¿Quién iba a defender mejor el interés de la provincia en elecciones limpias que el fiscal del Estado?
En el galope, Goane perdió los estribos. La sensatez que quizá tiene para cuestionar al Ejecutivo desaparece cuando se pone a hablar de su casa, la Justicia. Esta semana no sólo no acompañó a sus cuatro colegas de la Corte en el empeño de mostrar a Tucumán como modelo de compromiso en la gestión judicial en el país, sino que, puertas adentro de la provincia, se encargó de caricaturizar esa bandera. Mientras Sbdar se desvivía por agradar al presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti, y los demás vocales posaban para la foto, Goane habría sugerido que ese encuentro nacional de magistrados celebrado a metros de su despacho era, en definitiva, una instancia mediática. Pareciera que sólo vale la pena entrar a los juzgados para medir la productividad: por qué se atrasan tanto si, en teoría, disponen de todos los recursos para trabajar en tiempo y forma. No es el único que piensa así, pero los demás vocales condescienden a las circunstancias: si hay que hablar de gestión, se habla; por más que, en el fuero íntimo, los auditores les gusten más que los gestores. Que no se crea que lo de acomodaticio sólo vale para la cabeza del Poder Ejecutivo.
El que intenta controlarlo todo termina atrapado en su discurso. Ese jueves de sinceridad, Goane cometió un sincericidio: se enojó con Carlos Caramuti porque este no acabó de ocupar una vocalía en la Cámara Penal y ya pidió tres días de licencia. "Es una falta de pudor y de ética elemental y primaria... cuando todos sabemos el estado de necesidad premiosísima (sic) de que se integren las Cámaras porque en algunas hay dos vocales de seis", torpedeó el vocal decano, el único miembro de la Corte ausente de la conferencia de Lorenzetti.
Se olvidaba Goane -pero no se olvida Gandur- de que gracias al voto de Goane (que acompaña a los de los magistrados Ruiz y Giovanniello) el primer concurso para llenar las vacantes de la Cámara Civil y Comercial -cuatro de seis vocalías están acéfalas- ha quedado paralizado, hasta que la Corte de la Nación -que preside Lorenzetti- resuelva si acepta o no revisar el controvertido fallo "Amenábar".
Pendrive de la discordia
No es el único descalabro que tiene a mal traer a Gandur y al CAM que este preside. Esta semana, en una prueba escrita para cubrir una vacante del Centro Judicial de Concepción, el magistrado se encontró que el postulante Rafael García Zavalía había dejado un "pendrive" pegado a la computadora cuando ya había concluido su examen. Eso es algo que está prohibido y creó un momento de gran incomodidad en el CAM porque García Zavalía no es la primera vez que rinde un examen de selección. Este fue excluido por infringir el reglamento.
El abogado reconoció "el error inadvertido", aunque aclaró en el acta, de puño y letra, que no actuó de mala fe. De alguna forma no se cumplió debidamente con el reglamento. Así, el CAM, que no fue respetado desde el primer momento, sufre las consecuencias por el maltrato que desde el poder se destina a las instituciones que están hechas en salvaguarda del bien común.
En Tucson los comicios se están llevando todo por delante. El gobernador desde el desayuno hasta la cena arma y desarma listas. Otros analizan si serán Guillermo Gassenbauer, Sisto Terán, Roque Álvarez, Ramiro González Navarro o Mario Koltan los futuros conductores de la Cámara. Los radicales no saben cómo evitar las internas para que no corra más sangre al río. Por eso ante tanto descuido, no hay tranquilidad para recibir visitas ni para atender llamados.