El peronismo, en términos generales, siempre ha tenido una relación muy directa con las corporaciones. Principalmente con la sindical. Pero también con las otras: la económica, la de los sectores empresarios nacionales, y la Iglesia, aunque a esta última no la llamemos corporación.

En el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-89), el peronismo político quedó debilitado tras la derrota en las urnas, y la corporación sindical tuvo el rol protagónico: por eso hubo 13 paros generales.

Con el gobierno de Carlos Menem (1989-99), el peso de la corporación sindical disminuye. El entonces presidente evita que haya demasiados representantes sindicales en el Parlamento y opera también un cierto debilitamiento de los gremios por la liberalización de las obras sociales. Ahí hay, entonces, un antecedente diferente.

Con Néstor Kirchner (2003-2007), la situación vuelve a su relación histórica. El ex jefe de Estado empieza al poco tiempo a tener una relación muy estrecha con Hugo Moyano quien, finalmente, termina siendo el secretario general de la CGT. Es verdad que esa CGT tiene muchas contradicciones, pero está unificada. Se forja entonces una estrecha relación entre el Estado controlado por Kirchner y la central obrera controlada por Moyano. La vinculación incluye beneficios económicos para Moyano y el sector de los camioneros.

Es en este contexto en el cual el gremialista comienza a tener cada vez más aspiraciones políticas, que le transmite al entonces presidente. Quiere participar del armado de listas que Kirchner está orquestando: este responderá incorporándolo en la dirección de la reorganización del PJ en 2009. Así es como Moyano se convirtió en la gran figura del mundo sindical de estos últimos años y pasó a tener un poder político muy grande: puede bloquear el país debido al control que tiene de los camiones.

Las aspiraciones de Moyano son muy claras: él ha dicho que quiere que un obrero sea Presidente de la Nación. Es decir, él quiere serlo. Ya es el presidente del Partido Justicialista de Buenos Aires, lo cual ha implicado algunas tensiones con el peronismo político bonaerense.

Tras la muerte de Kirchner, Moyano pide cada vez más poder político y reclama participar de las listas de candidatos. El asunto es que el sindicalista nunca dijo que dejó de apoyar a Cristina Fernández, pero a la vez realiza una serie de acciones sindicales en el sur del país, como el bloqueo a las empresas vinculadas con el petróleo, que entrañan el riego de que el país, por falta de combustibles, se quede sin transporte en poco tiempo.

En definitiva, hay una disputa entre el poder de la Presidenta y el poder político, económico y sindical de Moyano. Y por esto también hay tensión en el seno del oficialismo. Aunque todos apoyan a la Presidenta, hay fuertes divisiones internas. Hay un sector presuntamente de izquierda, donde aparecen Carlos Zannini (es el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia), La Cámpora y los intelectuales de Carta Abierta. Está el peronismo tradicional, con los caudillos del conurbano. Hay un peronismo diferente, con otro matiz, cuya representación es está dada por los gobernadores Daniel Scioli (Buenos Aires), Juan Manuel Urtubey (Salta) y Jorge Capitanich (Chaco). Y, finalmente, el sector de Moyano, corporativo y extorsionador.

Cristina busca ahora debilitar el poder de Moyano: lo ha dicho en su discurso durante el acto en José C. Paz, en el que pide al sindicalismo que colabore con el Gobierno.

En definitiva, en una sociedad democrática hay dos tipos de representaciones. Una es de tipo política, fundamental para el sistema democrático, con elecciones de autoridades y con partidos políticos. La otra es una representación sectorial: por ejemplo, los gremios.

¿Qué pasa en la Argentina? Que las corporaciones que representan intereses parciales exigen una mayor presencia en el parlamento. Lo hizo antes la Mesa de Enlace: ella reúne a las diferentes corporaciones del agro, que se organizaron para sentar representantes propios en el Congreso. De la misma manera, Moyano demanda más presencia de referentes de su sector en el Parlamento nacional.

Una democracia debería funcionar con un buen sistema de representación política, con una estructura de partidos más organizada y estable. Pero hay un fortalecimiento de la corporación sindical, como resultado de la estrecha relación Kirchner - Moyano.