Es una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o lo que le pertenece. Administrarla significa obrar en razón o tratar a alguien según su mérito, sin atender a otro motivo, especialmente cuando hay competencia y disputa. La justicia es tal vez la dama más codiciada de los hombres porque es la que interviene para zanjar las discordias, tratando de ser equitativa. En los últimos lustros, ante la creciente litigiosidad y las falencias, tanto de personal como de infraestructura, la acción de la Justicia argentina se hizo cada vez más lenta. "Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía", afirmaba el filósofo latino Séneca (2 AC-65).
Hace pocos días, la Corte de Justicia de Tucumán fue anfitriona de las máximas autoridades de varios de los poderes judiciales del país que debatieron sobre un proyecto de norma de gestión elaborado por el alto tribunal local. En encuentro contó con la participación del presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN), Ricardo Lorenzetti. En general, los funcionarios judiciales plantearon, entre otras cosas, que para mejorar el desempeño de ese poder, debe haber más jueces, edificios propios, mayor presupuesto para crear nuevos juzgados, la necesidad de modernizarse y de contar con personal capacitado.
El titular de la CSJN planteó conceptos interesantes acerca del papel que debe jugar este poder del Estado. Sostuvo que históricamente, este funcionó hacia adentro y que ahora deben hacerlo hacia afuera, mirar al ciudadano y darle un servicio adecuado. "Para que un ciudadano reciba un mejor servicio de justicia debe haber jueces en número suficiente para enfrentar la creciente cantidad de causas. Hay que nombrar más. Y estos no tienen que estar siempre en el centro de la ciudad. Debemos armar un sistema para que el juez esté donde se genera el conflicto", afirmó, e hizo un llamado a los demás poderes a trabajar conjuntamente para estar más cerca de la gente a través de jueces barriales. Se manifestó a favor de la incorporación de la tecnología y criticó que aún haya tribunales donde se sigan cosiendo los expedientes con hilo. Indicó que los problemas se resuelven atacando las causas y trabajando en el mismo sentido durante mucho tiempo. "Esto exige que nos fijemos más en lo que nos une que en lo que nos separa. Tenemos que ir al fondo de las cuestiones y no quedarnos en la superficie que nos hace caer en el dramático problema del aplazamiento de las soluciones. ¿Cuánto hace que hablamos de la educación, los jubilados y la seguridad?", cuestionó Lorenzetti. Respecto de los cambios dijo que estos nunca ocurren de un día para otro, sino que son contagiosos y que sólo con cambios múltiples será posible un sistema diferente. Apostó a modificar la costumbre de vivir en la queja e instó a asumir una actitud positiva y decisión para transformar la realidad. "Por más declaraciones que hagamos, si todos los días no nos esforzamos y no tenemos una política seria y constante, no los vamos a solucionar", aseveró.
Coincidimos con estas consideraciones y sería importante que fueran llevadas a la práctica. Si se logra descentralizar la justicia, de llevarla a los barrios, los jueces estarán más en contacto con la realidad cotidiana de sus conciudadanos, especialmente de aquellos que viven en la marginalidad o totalmente abandonados por los poderes del Estado. Tal vez los fallos se vuelvan incluso más justos, más humanos.
El hombre común, víctima de una inseguridad creciente, espera que la Justicia actúe con celeridad y no sienta que tiene más derechos y protección un delincuente que él mismo. "La justicia es reina y señora de todas las virtudes", dijo Cicerón (106 AC-43 AC). Está en los magistrados la responsabilidad de que así siga siendo.