Esta investigación del profesor Miguel Ángel de Marco, miembro de la Academia Nacional de la Historia, se centra en un hecho presente en nuestro pasado durante casi cuatro siglos. Se desencadenó durante las primeras décadas del siglo XVI, cuando los conquistadores empezaron a tomar posesión de la tierra con la fundación de ciudades.
Primero fue una guerra entre indios y blancos, pero pronto se transformó en guerra entre bandos, uno formado exclusivamente por indios y otro por blancos -muchos de ellos criollos mestizos- más indios amigos. Comenzó por el área rioplatense con los frustrados intentos de instalación de Sebastián Gaboto (Fuerte Sancti Spiritu sobre el Paraná, 1527) y de  Pedro de Mendoza (asentamiento sobre el Río de la Plata, 1536), y concluyó a fines del siglo XIX y comienzos del XX, en que el país alcanzó el dominio efectivo de su área  jurisdiccional.

Al detalle
Hubo tres grandes focos de conflicto. Por un lado el Noroeste, donde culminó en las Tres Guerras Calchaquíes, un proceso que duró desde 1562 y 1664, al que puso fin el gobernador del Tucumán Alonso de Mercado y Villacorta con una guerra ofensiva total contra los indios belicosos. Por otra parte, el Chaco, cuyos indios atacaban periódicamente ciudades y estancias del Noroeste y del litoral, declarado territorio nacional en 1872. Finalmente, la Patagonia o desierto, cuya frontera norte fue escenario de un largo estado bélico que afectó el área pampeano-patagónica desde Buenos Aires hasta Mendoza. Concluyó con la expedición de Julio Argentino Roca iniciada en 1878, quien aplicó el mismo método de guerra total usado por Mercado y Villacorta.
Este conflicto fronterizo (agravado en el siglo XIX por la inestabilidad institucional del país y el desconocimiento geográfico del escenario de la lucha -sobre todo del patagónico-, más la guerra con el Paraguay) es investigado exhaustivamente por De Marco, quien toca, además, asuntos poco divulgados. Por caso, la colaboración de indios amigos durante las invasiones inglesas y las guerras de la independencia; la  presencia,  entre los soldados de línea, de italianos, españoles, británicos, franceses, polacos y ex combatientes de la guerra civil estadounidense; la dura vida en los fortines. También analiza el abastecimiento de las tropas; por ejemplo, para 4.800 hombres armados y una marcha de 120 días, se necesitaban 60.000 caballos, 5.400 mulas cargueras, 540 carretas,  600 bueyes,  598.000 kilos de galleta, charque, sal y vicios como tabaco y yerba.
Enriquecen la investigación fotografías y mapas que muestran el cambiante escenario de los conflictos: La línea de frontera sur entre 1779 y 1835, y entre 1874 y 1884, años estos en que fueron incorporados 55 millones de hectáreas al territorio nacional. El teatro de operaciones del Chaco entre 1879 y 1883. El de la Pampa y la Patagonia entre 1876 y 1883.
Para sintetizar, este libro resulta  de consulta imprescindible para todo estudioso del tema. © LA GACETA