Vicente Muleiro, con 1976 , El Golpe Civil, sumó un producto más a la oferta de libros políticos que llega al mercado en un año electoral. En todo su desarrollo elabora un prontuario ideológico de los equipos civiles que accedieron al poder con la dictadura militar de 1976 y que luego se reciclaron con el menemismo. Al justificar el porqué de la indagación, alega que ni Robert Potash ni Alain Rouquié enfocaron en sus trabajos ese costado de la realidad, y lo hace con una mirada militante. No extraña, entonces, que haya polarizado la historia entre buenos y malos, con claro sentido proselitista. Muleiro explora la génesis de esos elencos que desde 1945 se opusieron al peronismo y analiza la trayectoria de sus miembros, revelando la conjunción de jerarcas militares con católicos integristas y liberales. Aporta abundante información sobre las instituciones académicas y los ámbitos judiciales en que operaron y actúan aún. El execrable delito de desaparición de personas y la reestructuración de la economía en función de la globalización fueron políticas de estado decididas por esos elencos cívico-militares.
Cuando describe el perfil del ex ministro de Educación, Juan José Catalán, desliza un error, ya que este fue defensor de la escuela laica, llegando incluso a disentir con monseñor Victorio Bonamin, vicario del Ejército. Muy escuetas son, en cambio, las críticas que le dedica a la acción de Montoneros y del ERP, que hundieron la endeble restauración democrática iniciada en 1973.
Después de un extenso desarrollo de 371 páginas, remata su discurso con una conclusión de tipo electoral: la disyuntiva de la política argentina de hoy gira en torno de la opción entre el modelo productivista de Néstor Kirchner y Cristina Fernández y el agrofinanciero. Muleiro opta por el primero con apasionamiento. El otro, en cambio, cristaliza la renovada alianza de los equipos civiles de la dictadura con los intereses de las corporaciones empresarias. Planteado así el problema, se deduce que quien no apoye el modelo kirchnerista es prodictatorial. A todas luces, es una actitud antidemocrática, que ensambla perfectamente con el mensaje proselitista del intelectual comprometido con la etapa abierta en mayo de 2003. © LA GACETA
Una mirada militante sobre el último golpe de Estado dado en la Argentina
Un análisis acerca del pasado que se encuentra unido a la política del presente. Por Carlos Abrehu.