Si bien el otoño se inició el 21 de marzo, es en los últimos días de abril y en los comienzos de mayo en que la estación comienza hacer honor a su nombre en Tucumán, en cuanto al descenso de las temperaturas se refiere. Por ser una geografía subtropical, el veranito suele extenderse e invadir hasta el mismísimo invierno. Con los primeros fríos y al despuntar la zafra, comienzan las complicaciones respiratorias para los tucumanos, alimentadas por un período de sequía.

En estos días los más afectados han sido los chicos. De acuerdo con un especialista del Hospital de Niños, en las últimas cuatro semanas se vienen produciendo un aumento en las consultas, especialmente. Se registraron cuadros obstructivos en los más pequeños, sobre todo bronquiolitis. Dijo que se están recibiendo 1.500 consultas semanales de niños mayores de dos años con problemas respiratorios, y 157 de menores de dos años (en su mayoría, por bronquiolitis). Según el especialista, estas cifras son las habituales para el comienzo del período estacional de patologías respiratorias. La directora del nosocomio dijo que es lo habitual en esta época del año y recomendó a las madres que estén atentas a los síntomas que puedan presentar los chicos: congestión nasal, tos, fiebre, rechazo del alimento, agitación, dificultades para dormir y palidez o color morado en la piel. Recomendó que se evite la automedicación y que se acuda al médico o al CAPS más cerca de su domicilio.

Como sucede desde hace muchos años, los males respiratorios se incrementan a partir de junio cuando comienza la quema de los cañaverales y el cielo tucumano se puebla de maloja y de cenizas que también afectan los ojos. Entre los jóvenes u adultos más afectados están aquellos que padecen dolencias crónicas como asma, bronquitis o enfisema.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor de 300 millones de personas en el mundo sufren asma, 80 millones enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC), rinitis alérgica y otros desórdenes respiratorios permanentes. De acuerdo con la OMS, sólo en 2005, murieron cuatro millones de personas por enfermedades respiratorias que podrían haber sido prevenidas o curadas. El organismo mundial teme que haya un aumento del 30 por ciento en los próximos diez años.

Sería importante que antes de que sobrevengan los males de siempre por las causas demasiado conocidas, desde el Estado se tomaran los recaudos para combatir la contaminación aérea que contribuye notablemente a que las afecciones respiratorias se incrementen. Por un lado, podrían realizarse campañas de concientización en las barriadas y centros vecinales, acerca de cómo proteger a los más pequeños y cómo actuar ante los síntomas de una dolencia, antes de llevarlos al médico. Los ancianos suelen sufrir también los avatares del frío y de la polución.

Por otro lado, se debería advertir a los productores cañeros y a los industriales que el artículo 38 de la ley 6.253 prohíbe la quema de cañaverales como método auxiliar de la cosecha. En enero de 2007, esta norma fue modificada por la ley 7.459, por la cual los ingenios están impedidos de recibir caña quemada; en septiembre de 2009 se sancionó una norma que prescribe que quienes fuesen hallados in fraganti quemando caña de azúcar en pie, quedarán detenidos.

Sería muy positivo si la autoridad hiciera cumplir la ley con rigor ante las primeras infracciones y no dejase que se extiendan estas prácticas ilegales y antisociales que perjudican a toda la ciudadanía. Sin duda, la prevención es el punto de partida ineludible para evitar las enfermedades y otros males. Y la mejor manera de prevenir es educar; de ese modo se puede crear conciencia.