La violencia es una antigua y mala compañera del hombre. No hay violencia inocua, esta es siempre es nociva, divide a los seres humanos en víctimas y victimarios. Cada vez que ocurre un hecho violento, alguien se degrada en su humanidad por haber apelado a la barbarie -cerrándole el paso a la razón- y alguien resulta herido o muerto por ese acto vandálico. En el fútbol, la practican con cierta frecuencia las barras bravas que están asociadas al consumo de drogas, de alcohol y la delincuencia. Siempre se dijo que eran los mismos dirigentes deportivos los que "bancaban" a estos inadaptados, entregándoles entradas o permitiéndoles ingresar armados o con bebidas alcohólicas a la cancha.
En nuestro país, la violencia se remonta a 1916, cuando en un partido entre Argentina y Uruguay, por la sobreventa de entradas se produjeron desmanes en las tribunas que terminaron incendiadas. Según las estadísticas, por acción de estos hinchas entre 1924 a 1957 ocurrieron 12 muertes relacionadas con el fútbol. A partir de 1958, la violencia lleva a los grupos organizados de hinchas violentos a ser conocidos como barras bravas. y entre ese año y 1985 se produjeron en el país 103 muertes en las canchas de fútbol, en promedio una cada tres meses.
Tucumán siempre hace su aporte a la violencia en las canchas. El domingo pasado en el estadio Monumental, en el partido de Atlético Tucumán con San Martín de San Juan, los barras bravas "decanos" generaron un incidente entre su propia parcialidad, insultando a los jugadores locales.
El 27 de marzo pasado, al final del encuentro que los "decanos" perdieron 3 a 0 con Gimnasia de Jujuy, los simpatizantes locales, ubicados en el sector de la calle Chile, rompieron la cerca olímpica e ingresaron al campo, con el objetivo de obtener algún recuerdo de los jugadores por la fuerza. Después insultaron a plateístas y los amenazaron con invadir la platea baja de calle 25 de Mayo. Por este incidente el club fue multado.
El episodio del domingo, además de entrar a la tribuna de calle Laprida, los belicosos hinchas le arrojaron una botella de vidrio a un jugador de San Martín de San Juan. El Tribunal de Disciplina de AFA podría sancionar a Atlético Tucumán hasta con la quita de puntos, si el informe del árbitro fue muy negativo. Los dirigentes "decanos" se quejaron por la inacción de la Policía cuando los hinchas de la tribuna de calle Chile agredieron a los que de la calle Laprida. En un comunicado repudiaron los incidentes que "son llevados a cabo por un grupo minúsculo marginal acostumbrados a conductas patoteriles, que no condicen con el pensamiento y el actuar de las buenas costumbres que fomenta nuestra institución".
También el domingo, en el partido que Concepción Fútbol Club perdió 2 a 0 con Gimnasia y Tiro de Salta por el campeonato Argentino B, se registraron hechos violentos hasta el punto que el encuentro estuvo a punto de ser suspendido.
¿Por qué subsisten a lo largo del tiempo? ¿Quiénes las protegen? ¿Cómo se mantienen económicamente? ¿Por qué tienen tanto poder? ¿Por qué nadie se anima -ni siquiera la Policía- a desarticularlas? ¿Por qué en Tucumán tienen miedo de emplear el derecho de admisión? En las últimas décadas, se han escrito numerosos libros y miles de artículos periodísticos sobre la violencia en el fútbol y las barras bravas, de manera que si no se desmantelan estas bandas de patoteros es porque tal vez hay intereses creados que lo impiden.
La acción de estos inadaptados no sólo perjudica a sus propios clubes, sino que pone en peligro la vida de los demás asistentes a un partido de fútbol. Si están perfectamente identificados por la dirigencia y la Policía, parece entonces inexplicable que estos grupos de inadaptados sigan teniendo acceso privilegiado a las canchas.