Las balas zumban en el barrio Elena White. No hay sorpresas. Una denuncia policial embarra la política. Dos personas dan la cara. Se acusan mutuamente. Uno es el tercer hombre de la provincia. A él los tucumanos lo han designado legislador y sus colegas lo ha convertido en el vicepresidente primero de la Cámara. El otro es un diputado nacional. Ambos han crecido fuertemente de la mano del alperovichismo.
Armando Cortalezzi fue bendecido por José Alperovich. Por eso es el número tres de la provincia.
Gerónimo Vargas Aignasse fue el co-equiper inseparable durante varios años de cuanta cruzada política organizó la senadora Beatriz Rojkés.
El matrimonio que regula el poder en Tucumán no dudó en contribuir al crecimiento de esos dos dirigentes.
Vargas Aignasse acusó a Cortalezzi de trabajar -y ser candidato- con dirigentes nacidos y criados en el bussismo. El legislador cargó contra el diputado nacional responsabilizándolo de tener vínculos con barra bravas. Subyacen bajo todas estas palabras, elegidas cuidadosamente para hablar ante la prensa, historias que en vez de enaltecer a la política, la enlodan.
Las balas pasaron zumbando y todos miraron para otro lado. Este episodio de violencia sobre el que la Justicia tendrá que escudriñar no llama la atención porque en más de un barrio pasan estas cosas. Cualquier cuestión sirve de justificativo para el pleito. En este caso se hizo en nombre del plan Argentina Trabaja y flaco favor le hicieron a esa denominación. Las balas pasaron y las contradicciones quedaron. Los mismos que se rasgaron las vestiduras y organizaron una persecuta a un vocal de la Justicia hoy no les importa que vayan bajo una misma lista bussistas y alperokirchneristas en una misma lista. Qué diría el interventor de la Caja Popular, Francisco Sassi Colombres, a quien no le dieron Corte por haber ocupado un sillón en épocas de la dictadura. Hoy la mixtura de candidatos tiene el aval liso y llano del mismo gobernador que ordenó atacar a René Goane o a Sassi Colombres.
Las elecciones son a la democracia como los globos o la torta a los cumpleaños. Las balas son el alimento de la muerte que nunca recibe tarjeta de invitaciones. El alperovichismo no puede quedarse con la cabeza gacha mirando los casquillos que quedaron tirados en el piso.
Alperovich distraído
El árbol no dejó ver el bosque. El Gobierno estuvo tan preocupado por la crisis de seguridad que una balacera civil pasó inadvertida.
El reclamo de los azules descolocó al gobernador. José Alperovich está acostumbrado a anticiparse a los hechos. El autoacuartelamiento lo sacó de quicio. Y lo hizo equivocarse: se cansó de repetir la frase "no hay más plata" y apenas hubo una presión el dinero apareció. Un mal precedente se estableció esta semana.
El gobernador había recibido al mismo tiempo la visita de Pamela Cox. La vicepresidenta del Banco Mundial para América latina había elegido Tucumán para visitar. Las tareas que se realizaron con fondos del organismo internacional enorgullecen a las autoridades -tanto del Banco como del Gobierno- y se prepararon para recibir los aplausos. Pero no pudieron oírlos por el ruidaje que hicieron los policías.
Uno de los grandes déficits de la gestión alperovichista ha sido ponerle el pecho a la coyuntura de la seguridad y no aplicar un plan concreto de trabajo a corto, mediano y largo plazo. En una primera etapa hubo esbozos sobre qué tipo de sistema querían. Así se pergeñó el Ministerio de Seguridad Ciudadana, pero aquellos ideales se los fue llevando el viento... y los conflictos. Es hora de replantear objetivos porque los problemas de la inseguridad no se circunscriben a las cuestiones salariales.
Opositores espantados
Exactamente lo mismo le pasa a la oposición, tanto nacional como provincial. Nunca tuvo un plan y ahora cuando los comicios asoman se desesperan. Es tarde. A nivel nacional se dieron cuenta de que si no se juntan Cristina les pasará por arriba. Siempre especularon con unirse después de la primera vuelta, pero las últimas encuestas dan cuenta que la Presidenta está cada vez más lejos y hasta el balotaje puede ser una ilusión. Tal vez por eso Julio Cobos dio su sí negativo y se olvidó de la candidatura, y Eduardo Duhalde y Mauricio Macri le buscan la vuelta para que ambos jueguen en el mismo equipo.
En Tucumán, se sabe, todos piensan en 2015. Ningún candidato se imagina tomando el poder este año. Mientras los oficialistas tiran balas en los barrios, los radicales se refugian en Central Córdoba para abrazarse con la Franja Morada. Allí se autoaplaudieron dirigentes -hubo históricos que brillaron por su ausencia- que se sienten autónomos y autárquicos del alperovichismo pero que son obsecuentes o disimulados con algunas políticas.
Muchos de estos comparten el gran frente opositor antialperovichista. En esa carpa donde se cobijan socialistas, radicales, democristianos y peronistas disidentes acordaron que en Tucumán tienen un sólo enemigo. Pero fue lo único que acordaron porque prometieron un documento que todavía no logran consensuar y el tiempo sigue pasando.
El resto pega afiche y pinta paredes con la ilusión de que alguien se apiade de ellos.
Frenar para correr
A la hora de elegir, el ciudadano efectúa balances. Coteja lo que se hizo con lo que se le promete y entre muchos valores los argentinos suelen cargar en la balanza la seriedad y la sinceridad. Sin embargo, cuando las urnas se abren parece que no importan los engaños. Así se soslayó el "síganme, no los voy a defraudar" o la promesa de devolver pesos a los que depositaron pesos y dólares a los que dejaron dólares. El propio Néstor Kirchner se benefició de obviar aquel furcio de Duhalde. En ese marco parece que las contradicciones de la gestión no hacen mella en el electorado. Por eso a los "sijosesistas" ni les preocupó que el gobernador se pusiera en contra de una ley que permitía ordenar lo que es un verdadero desorden para la sociedad como las picadas. Alperovich decidió vetar una norma que ayudaba a todos. Dejó el mensaje de que o no puede controlar y por lo tanto cada uno hará lo que quiera o que es tanto lo que se mueve por detrás de esto que hasta al mandatario lo condicionan. Lamentablemente, es tal la obsecuencia legislativa que ninguno de los que levantaron la mano parece capaz de proponer una insistencia de la ley. No vaya a ser que el gobernador se enoje y enflaquezca la billetera electoral.
Otros "sijosesistas" no sintieron el rugir de las picadas automovilísticas porque se fueron a "trabajar" en las elecciones salteñas. Así como a nadie sorprenden las balas que se disparan desde la política ninguno se escandaliza porque se "exporten" logísticas eleccionarias a tierras vecinas. Lo llamativo son casos como el de Rolando "Tano" Alfaro que siendo un funcionario "alperokirchnerista" haya elegido cruzar la ruta 9 y la 34 -y la vereda- para brindar alguna ayuda al candidato opositor Alfredo Olmedo. No se trata de un candidato más que se opone al kirchnerismo, es un hombre cercano a Mauricio Macri, el enemigo electoral e ideológico que eligieron los K y además cuenta con el respaldo de Juan Carlos Romero, el candidato a vice de Carlos Menem en los comicios donde Néstor Kirchner dio el gran salto. Es de suponer -algunos así lo aclararon- que Alfaro hizo su "trabajo" por interés propio y no mandado por Alperovich. Parece difícil entender tantas idas y venidas, pero todo se simplifica cuando se sigue la ruta del dinero. Las pasiones y la desesperación por imponer una idea o un plan se rinden cuando el interés se cuantifica.