Si no se trata de establecer una conversación con el otro en la web, si no se abre un diálogo, bidireccional, simétrico y horizontal, no se está utilizando o encarnado el espíritu 2.0, que es mucho más que acompañar los contenidos de la web con videos o fotos o sacar una cuenta en las redes sociales. Estar en las redes no es "ser en red".
Se puede aprender a usar las herramientas tecnológicas para ejercer la llamada "política o campañas 2.0"; pero hay cuestiones que tienen que ver con la cultura política argentina. Hoy un político tiene que usar las herramientas TIC para poder comunicarse con los jóvenes y para mejorar su vínculo con los líderes de opinión (aceptando que la comunicación sigue siendo un proceso de dos pasos). Y así lo están haciendo en mayor o menor medida la mayoría de los candidatos, pero de modo casi experimental, incipiente. No está mal porque es un proceso de aprendizaje.
Pero la falta de actitud hacia el diálogo, seguir usando los nuevos medios con la lógica unidireccional, vertical y descendente de los medios masivos tradicionales, eso no se soluciona con aprendizaje, requiere un cambio de actitud del conjunto de actores, reglas y valores del sistema político. También están faltando contenidos en todos los mensajes políticos, no sólo en lo canalizados en la red. Plataformas, ideas, brillan por su ausencia; hay coyuntura, agresión, reacción y poca propuesta.
Es cierto tanto que Argentina es el país de la región con mayor penetración de internet; pero debemos ser pacientes con los beneficios esperables de lo digital. Internet no cambiará, al menos a corto o mediano plazo, el concepto ni la naturaleza de ser ciudadano, ni la cultura política. Pero están cambiando los medios, las fuentes y las velocidad de los flujos de información y comunicación; y esto podrá producir cambios más o menos profundos en el tiempo.