Con frecuencia se suele afirmar que la sociedad se ha vuelto cada vez más individualista en las últimas décadas. La incitación constante a consumir, la búsqueda del éxito fácil y mediático, la pérdida de la cultura del esfuerzo, la falta de responsabilidad, la tendencia a la fugacidad en las relaciones afectivas son algunas de las causas por las cuales la vida tiende a volverse más superficial, con escaso o nulo compromiso social.
Sin embargo, afortunadamente siempre hay personas e instituciones que piensan en las necesidades del prójimo, en especial de aquel que sufre algún tipo de discriminación o padece una discapacidad.
A partir de las vicisitudes de una compañera que quedó ciega por la diabetes, un amigo que la había conocido en el hospital Centro de Salud cuando ella se desempeñaba como voluntaria consolando a los enfermos lo llevó a buscar el modo de ayudarla para poder iniciar sus estudios en la carrera de Derecho. Convocó a estudiantes y amigos de Abogacía, Ciencias Económicas para iniciar una colecta y adquirir un aparato de MP3 que le permitiera grabar las clases. Surgió luego la idea de diseñar el proyecto "Audiolibros", que presentaron en el Voluntariado Universitario y que tenía por objetivo hacer más fácil la vida de muchos alumnos del secundario. Convocaron a chicos de l horario nocturno del Colegio Nacional, donde asistían cinco estudiantes no videntes.
Con parte de los fondos del programa, adquirieron netbooks, materiales de insumos y accesorio para computadora y MP3. Diseñaron un programa especial para ciegos y grabaron nueve libros de textos para cinco asignaturas del secundario. Investigaron y en la Escuela Normal les prestaron la sala de computación para no videntes, donde confeccionaron grabaron varias bolillas y tres libros de Derecho Constitucional. Uno de los aspectos salientes de este programa es que no se necesita una computadora para bajar los audiolibros sino que pueden ser descargados en un MP3 o en el celular.
Es destacable, por otro lado, que en el seno de la casa de Juan B. Terán se desarrolle desde 2006 el Programa Nacional de Voluntariado Universitario, que cuenta con el apoyo de la Secretaría de Políticas Universitarias y del Ministerio de Educación de la Nación. Todos los años se convoca a facultades, cátedras y estudiantes de casas de estudio para la presentación de proyectos de trabajo voluntario que promuevan la vinculación de estas instituciones con la comunidad en que se insertan, a través de propuestas orientadas a mejorar la calidad de vida de su población.
En una misma sintonía, el Programa Nacional de Educación Solidaria tiene por misión promover la educación en la solidaridad y la participación comunitaria y ciudadana a través de la propuesta pedagógica del aprendizaje-servicio, en todas las escuelas e instituciones de educación superior, sea de gestión estatal o privada. Se busca articular los esfuerzos solidarios de las organizaciones de la sociedad civil en beneficio de la equidad y la calidad educativa con las acciones del Ministerio nacional y con el sistema educativo formal.
Experiencias como estas o como las que se encuentran muchas veces en las ferias de ciencia en los niveles inicial y medio, incentivan a los alumnos a comprometerse con la realidad humana que los rodea y, estimulados por sus docentes, desarrollan diversos tipos de proyectos que redundan en beneficio de los demás. Es un modo de contrarrestar el bombardeo constante de contenidos y mensajes superfluos o vacíos de humanidad que recibe a diario la ciudadanía y, en particular, los niños y jóvenes. El esfuerzo mancomunado, el afecto y la preocupación por el prójimo pueden plasmarse en acciones e inventos para mejorar la vida de las personas.