No hubo nada que decir. Ni siquiera plantear que se necesitan fondos para poder afrontar el incremento salarial otorgado a los empleados públicos en las paritarias de este año. El Gobierno golpeó las puertas del cielo kirchnerista y no fueron contemplativos. Por ahora, el frío de las respuestas oficiales dejan helado a los funcionarios del gobernador José Alperovich.
En la Nación hay desconfianza en el modo en que se manejó la negociación salarial con los gremios estatales. El 100% de incremento en el sueldo básico a uno de los sectores más postergados de la administración pública provincial fue malinterpretado en el Palacio de Hacienda. Hacia allí fue el ministro de Economía, Jorge Jiménez, para gestionar una ayuda, tal como la que venía otorgando la administración de la presidenta Cristina Fernández hasta el año pasado, bajo la modalidad del Plan de Asistencia Financiera (PAF). Las tratativas, en definitiva, fueron como un cachetazo para las aspiraciones alperovichistas. No le dieron pan, ni siquiera un hueso.
Desde Tucumán, los fax, los e-mail y las palabras oficiales inundaron el despacho del influyente Juan Carlos Pezoa, el secretario de Hacienda de la Nación, uno de los hombres en quien más se apoyó Néstor Kirchner a la hora de controlar las finanzas y que ahora también tiene voz y voto en el gabinete de Cristina.
El tipo de cambio de los argumentos tucumanos está devaluado en las pizarras del mercado kirchnerista. Desconfianza, parece ser el nuevo valor de la palabra tucumana. Tal vez sea algo coyuntural, que con el tiempo -que apremia por las elecciones- la cuestión se aclare y, en definitiva, el agua no llegue al río.
El Poder Ejecutivo defiende su parada. Ante Pezoa, el propio Jiménez señaló que, de bolsillo, el reajuste salarial será tan sólo del 25%. Sí, el mismo porcentaje de la inflación negada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), pero similar a la que proyectaron las multadas consultoras privadas. "Jamás puede tratarse de un aumento global del 100% si proyectamos un gasto extra de $ 1.100 millones", dicen que explicó el titular de Hacienda de Tucumán ante las autoridades de la Nación. Ese monto representa casi el 25% del gasto en Personal, proyectado por la Provincia en el Presupuesto 2011.
Los $ 2.250 mensuales que cobrarán, de bolsillo, los estatales no son más que una aproximación al valor de la canasta familiar. Y estarán también muy cerca de los casi $ 2.500 promedio por mes que ganan los trabajadores formales del sector privado que, a propósito, tienen la segunda remuneración de bolsillo más baja de la Argentina, según los datos del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones, difundidos esta semana por el Indec.
Frío patagónico
Los $ 280 millones que el Estado provincial requiere, como asistencia de la Nación, para mantener en equilibrio las finanzas no significan hoy un esfuerzo mayúsculo que deba hacer el Ejecutivo para conseguirlos por otra vía. Sin embargo, nada está garantizado sobre lo que puede pasar después de las elecciones presidenciales. Mantenerse en el calor del oficialismo siempre ha sido una estrategia redituable para Alperovich, uno de los más aplicados alumnos kirchneristas y que ha sido mimado -desde siempre- por la caja de la Casa Rosada.
De hecho, las transferencias coparticipables siguen llegando con fuertes incrementos. Hasta ayer, a Tucumán le habían asignado unos $ 400 millones, $ 100 millones más que hace un año. Ese dinero es la base para atender las necesidades de caja en un año electoral.
Sin embargo, las demandas siguen siendo crecientes. Ayer, en la Casa de Gobierno, hubo que desactivar un planteo del área de seguridad que también quería una recomposición salarial similar a la firmada con los gremios que representan a los trabajadores centralizados. Así, las paritarias no terminarán.
Tan depreciado estaba el salario del empleado público que el básico tuvo que incrementarse en un 100%. Lo que hoy puede ser un logro, mañana será un dolor de cabeza, debido a una jubilación tan deprimida por la forma en que se liquidaron -históricamente- los salarios estatales. Al Gobierno le llegó la hora de sincerar los mecanismos que se aplican para actualizar las remuneraciones. Sólo de ese modo, lograría que la Nación no se sorprenda que -justo este año- el básico de la administración centralizada se haya duplicado. La misma tarea le cabe a los gremios, con el fin de que las bases lean y comprendan las variaciones que se registran en su boletas. Puede que las paritarias ya sean historia. Lo que sí abrió un nuevo capítulo es el trato fiscal que tendrá con Tucumán que, por ahora, registra un frío patagónico.