Habían logrado armar un negocio casi perfecto. Durante los último meses ampliaron sus horizontes comerciales y el crecimiento en las ventas parecía no tener límites. La "cadena de favores" no exhibía fisuras, según explicó la Policía, pero una serie de denuncias permitió que los agentes de la ley consiguieran descubrirlos.
Cinco personas detenidas y el secuestro de un kilo y medio de cocaína lista para ser comercializada fue el saldo del operativo antinarcóticos realizado ayer a la madrugada por la Dirección General de Drogas Peligrosas (Digedrop) en el barrio Ejército Argentino, ubicado al suroeste de la capital.
Según se informó oficialmente, en noviembre la Policía había recibido varios llamados anónimos. "?Mamá Hilda? vende drogas a los chicos del barrio. Además presta su casa para que los adictos puedan consumir tranquilos", fue el mensaje repetido en varias de esas comunicaciones.
De inmediato, personal a cargo del comisario Fabián Salvatore comenzó a trabajar tratando de obtener las pruebas para certificar las denuncias. De acuerdo con el informe policial, una gran cantidad de jóvenes entraban en la vivienda y salían minutos después con los puños cerrados. También había hombres que actuaban de manera sospechosa y autos muy costosos se detenían frente a las viviendas de los acusados y se retiraban luego de unos segundos. Todo esto les marcó a los investigadores que seguían el rumbo correcto.
Durante las comunicaciones telefónicas la Policía había recibido el dato de que el "Gordo Iván" y su hermana, la "Flaca Iris"; "Juan 48", "Mamá Hilda" y su nieto "Pollito" eran los encargados de comercializar drogas en la zona. Y hacia ellos encarrilaron la búsqueda.
El viernes cerca de la medianoche, personal a cargo de los comisarios Salvatore, Francisco Juárez y Jorge Nacusse, en conjunto con personal de la Policía Federal, del Grupo CERO, del Comando Radioeléctrico y de otras áreas de la fuerza de seguridad, allanó en forma simultánea tres viviendas ubicadas de la zona. Y confirmaron la hipótesis.
De acuerdo con la información brindada oficialmente, se secuestró un kilo y medio de cocaína, fraccionada en 80 tizas y tres piedras de 150 gramos cada una. También se incautaron de $ 2.600, una bolsa con picadura de marihuana y una lista con nombres (los investigadores sospechan que se trata de potenciales compradores), además de 15 celulares y una balanza.
Según una fuente de la Policía, el "Gordo Iván" y su hermana, quienes residían en una vivienda de Florida y Juan B. Terán, eran los encargados de distribuirles la droga a "Juan 48" (que vivía en pasaje Lucía Aráoz al 2.600) y a "Mamá Hilda" (residía en pasaje Lautaro al 2.60). A su vez, ella utilizaba a "Pollito", su nieto de 20 años, para realizar el delivery de estupefacientes.
La sociedad era exitosa y muy redituable, según los investigadores. Pero ahora compartirán la oscuridad y el frío del calabozo. "Pollito" lloraba desconsolado mientras un policía lo esposaba. "Yo no tengo nada que ver, mi abuela es la que me obligaba a vender", se lo escuchó decir entre sollozos.
Pero en medio del operativo lo que más le llamó la atención de los investigadores fue que tres mujeres que viven en la zona acusaron a los detenidos: "era hora de que los descubrieran. Estos delincuentes se cansaron de venderles drogas a los chicos del barrio. El daño que hicieron es irreparable". Ellas se comprometieron a presentarse mañana ante la Justicia para ratificar sus dichos.
Los cinco acusados quedaron detenidos e incomunicados. En las próximas horas declararán ante los jueces federales Daniel Bejas y Mario Racedo.