"La tuya es una generación que se crió en el miedo, la mía es hija de la ignorancia".

La frase, por muy dura que fuera, no dejó de desnudar una realidad. Unos, cuarentones que se criaron entre el silencio y la violencia; y otros, casi treintañeros, que en los 90 crecieron con la convicción de que el mundo se movía a partir de una sola idea.

El joven caminaba por la peatonal Muñecas con la frente alta, el corazón henchido y con la ideas un poco amontonadas. Iba a la marcha por el 24 de marzo. La semilla originaria del feriado acababa de germinar en un simple saludo callejero.

El chico desbordaba entusiasmo y en su mochila cabían la ilusión pero también la responsabilidad y la preocupación. Era un 24 de marzo en el que se iba a marchar en contra del golpe y también en reivindicación de la democracia recuperada.

Sin embargo, no habían podido conciliar este eslabón de unión ni los organismos de Derechos Humanos ni el propio Gobierno. En plena democracia, las pasiones los estaban compeliendo a separarse. Y hasta algunos temieron que la tensión se soltara y desencadenara algún forcejeo. Felizmente, esa preocupación sirvió para evitar cualquier triste desliz. Hubo quienes no soportaban que se criticara a la gestión nacional. Otros no admitían que el blanco de los improperios fueran las autoridades provinciales. Demasiados condicionantes cuando la idea fuerza que los convocaba era muy otra.

El secretario de Derechos Humanos de la provincia, Humberto Rava, así como los principales dirigentes políticos se llevaron a marzo -del año que viene- este 24 de marzo. Tendrán que trabajar para que se reflexione y no para que se reaviven rencillas.

Pareciera que la abundancia no es amiga de la sana convivencia ni de la comunión de ideales.

Hoy, más del 50% de los argentinos y de los tucumanos son post-golpe del 76. Muchos son productos o miembros de esas generaciones del miedo o la ignorancia, y en vez de revolcarse en ellas podrían transformarlas.

Una asado raro
La tragicómica reaparición de Carlos Menem en la escena política reaviva contradicciones cada vez más propias de la política argentina. El kirchnerismo trató de explicar que no había pacto sino que era un acuerdo del gobernador riojano, Luis Beder Herrera. La explicación es más burlesca que el arreglo consumado entre sectores que suelen declamarse sus odios. En Catamarca, el Frente de la Victoria recurrió a Ramón Saadi y llevó el discurso contrario a la perpetuación en el poder. Fueron dos armas letales para vencer al gobernante Eduardo Brizuela del Moral.

Ayer, en la casona oficial de la calle Martín Fierro, en Yerba Buena, el gobernador, sentado en su living, trataba de sacarse esa carga: "Hay que trabajar y no dejar de trabajar para las elecciones. No hay que sentarse a esperar", intentó rimar el mandatario después del asado al que fue convidado el grupo más heterogéneo del oficialismo.

Dijeron presente ministros como los Jiménez o como las sarmientinas Mirkin y Temkin. Estaba el dúo de la salud (Juan Manzur - Pablo Yedlin). Y no faltaron los testimoniales armadores Sergio Mansilla y Osvaldo Jaldo. También se lo vio a Domingo Amaya y a su coequiper Germán Alfaro, y al concejal Ramón Santiago Cano. No faltaron los neo peronistas, neo amigos y neo políticos como Armando Cortalezzi, Alito Assan y los Gassenbauer (padre e hijo). Ditinis, Khoder, Dante Loza, el "Tano" Alfaro y Carolina Vargas Aignasse también degustaron el almuerzo criolla. Más de uno miraba al otro y esperaba el mensaje que el gobernador nunca dio. El encuentro era todo risas. Celebraron entre sí y aguantaron las bromas del propio Alperovich, que promocionaba acoples en los que juntaba el agua con el aceite.

Por la tarde, y cuando el champán ya no servía como combustible de la risa, más de uno se preguntó "de qué sirve esto si mañana nos vamos a estar matando" -como lo vienen haciendo- en el territorio. Fue un asado raro.

Estaba avanzada la siesta cuando llegó el secretario de Prensa y Difusión. El hombre había sido protagonista de una nueva demostración de que las instituciones tucumanas se ajustan al capricho del mandatario, antes que a su libre funcionamiento. Enrique Ignacio Golobisky abrió -una vez más en estas tierras- el debate acerca de quién es el dueño de la banca. La respuesta en este caso es: Alperovich. La interpretación rápida permitiría inferir que es el ciudadano quien da mandato con su voto. Pero no: Alperovich decidió que sea Golobisky el que asuma como concejal -Hugo Cabral dejó la vacante al ser designado ombudsman-. Pero también ordenó que le preste la banca a Rosa Augier de Rojas.

Alperovich no sólo desoyó la voluntad popular sino que, además, le dio en alquiler la banca a la ex legisladora. Al haber pedido licencia Golobisky, cualquier cosa que no le guste al mandatario puede hacer que su secretario de Prensa y Difusión asuma y deje en el llano a la ex legisladora. Un abuso de poder y una demostración cabal de cómo se manejan hoy los hilos de la política.

Los "sijosesistas" se apuran en contestar: "la banca no es de la persona sino del Frente de la Victoria". El propio Jaldo pone en duda esa conclusión cuando afirma: "soy un hombre del gobernador y estaré dónde él me ponga". Demasiada sumisión hacia una persona que desnuda debilidad a la hora de analizar un proyecto determinado de gobierno.

El poder de convicción de Alperovich es mayúsculo, indudablemente. En el triste trato que supo darle Golobisky a la banca se desnudaron dos conductas diferentes. Por un lado, el secretario que hizo lo que dijo su jefe; y por el otro, la actitud de Augier de Rojas, que traicionó al amayismo que la había hecho funcionaria municipal. Apenas surgió la posibilidad de asumir la concejalía, se fue con Alperovich y cambió de jefe.

Así se transparentó lo que es una verdad que se grita en los barrios y en la Capital. En público -como en el asado de ayer- ríen, brindan y bromean. Pero en privado todo parece diferente. Algunos "sijosesistas" se animaron a sugerir esta semana que "habría que darle un escarmiento a Amaya". Para ello, promovían un corte de boleta que dejara en claro quién tiene más votos en la capital.

El armado de listas y los comicios que ya tienen precisa e inamovible la fecha -el 28 de agosto- pero no la Junta Electoral, se han convertido en una batalla interna del oficialismo. La abundancia de dinero y de poder hace que los rivales estén dentro de la misma carpa. La diputada Stella Maris Córdoba ha empezado a jugar fuerte y arroja munición gruesa contra el alperovichismo, pero está bajo techo kirchnerista.

Los opositores tejen y destejen pero con la mirada puesta en 2015. Nadie imagina en ese sector un triunfo en agosto. Van a hacer campaña simulando un objetivo que no es tal o que ni siquiera intuyen o sienten.

En el oficialismo, además, están expectantes del heredero. Por eso también sus largavistas electorales se fijan en 2015: los comicios de este año son para estar mejor parados cuando llegue ese año. En ese marco, los "sijosesistas" no ven en Amaya un aliado... y viceversa.

Las elecciones han sembrado más diferencias que coincidencias. Los dirigentes están haciendo malabarismo con fuego, innecesariamente.