DAMASCO.- Miles de asistentes al funeral de un manifestante muerto durante una protesta en contra el Gobierno de Siria, quemaron ayer una sede del gobernante partido Baath y una comisaría, mientras las autoridades liberaron a 260 presos en un intento por aplacar el descontento.
El presidente Bashar al-Assad encara la crisis más profunda de sus 11 años de Gobierno, después de que las fuerzas de seguridad dispararan contra una protesta el viernes, elevando una cifra de fallecidos que según grupos de derechos humanos se cuentan por decenas.
Las mezquitas de todo Deraa anunciaban los nombres de los "mártires" cuyos funerales se iban a celebrar en la ciudad sureña. Ayer, cientos se concentraban en el centro de la ciudad gritando consignas a favor de la libertad.
Decenas de personas han muerto durante la última semana en torno al sur de la ciudad de Deraa, aseguró personal de salud, y hubo noticias sobre más de 20 víctimas el viernes.
"La sangre de nuestros mártires quemará este régimen", advirtió Abdelhalim Khaddam, ex vicepresidente que dimitió y abandonó el gobernante partido Baath en el 2005.
También hubo protestas en la capital, Damasco, y en Hama, una ciudad al norte del país donde en 1982 las fuerzas del padre de Assad mataron a miles de personas y asolaron gran parte del barrio antiguo para aplastar una insurrección armada del grupo islamista los Hermanos Musulmanes.
El grupo activista Human Rights Watch consideró que las fuerzas de seguridad sirias deberían poner fin inmediatamente al uso de armas de fuego contra los manifestantes en Deraa, que limita con Jordania.
Con fronteras con Israel, Líbano, Jordania, Irak y Turquía, Siria y sus 22 millones de habitantes están en el centro de una compleja red de conflictos en Oriente Medio. (Reuters)