BUENOS AIRES.- En Catamarca y en Chubut las batallas electorales dejaron a la oposición tirando al aire palos de ciego, ya que no sólo el oficialismo los está primereando con el discurso, con la instalación de la agenda y con la apelación al protagonismo de la juventud, sino también con los votos.

Sin poder estructurar un relato y con reflejos casi primitivos, el espanto opositor hizo más por la potenciación del vendaval kirchnerista que la real significación de ambas elecciones provinciales, ya que desde su propio balbuceo casi todos se sumaron al latiguillo que las usinas oficiales vienen amasando desde hace meses para metérselo en la cabeza a los votantes: no hay oposición. Y lo peor para ellos es que ante la opinión pública actuaron como si no la hubiera.

La extraordinaria dinámica que tomaron los hechos puso de inmediato a casi todos los sectores no kirchneristas a pensar cómo hacer para encauzar el problema en el interior de cada uno de los espacios y así se vivieron tironeos por las estrategias para recomponer el tablero y para llegar a las elecciones con alguna chance. Por suerte para ellos, el Gobierno les dio de comer con los vergonzantes acercamientos a Ramón Saadi y Carlos Menem, que también metieron una cuña dentro de la propia interna K.

Más allá de los personalismos, que traban decisiones, el primer gran escollo que debe sortear la oposición para recomponer posiciones es tener en claro cómo puede ser el escenario de octubre. No es lo mismo si se considera que el oficialismo va a ganar en primera vuelta debido a la dispersión que no le permitiría llegar a ningún contrincante a menos de 10 puntos de diferencia, que si se especula en que habrá polarización sólo entre dos fuerzas, tal como ocurrió en Catamarca (FPV-UCR) y en Chubut (FPV-PF) o si se cree que finalmente serán tres los espacios que van a disputar un lugar en el balotaje: el Acuerdo Cívico y Social (ACS), el Frente para la Victoria y el Peronismo Federal más el PRO.

Por el lado del hasta ahora socio mayor del ACS, el radicalismo, la situación está en sostener o no la interna del 30 de abril, ya que hay quienes apuntan a lograr un consenso que las elimine y genere un candidato, después del casi seguro apartamiento de Julio Cobos y pese a los flechazos que se cruzan Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz. Pero otras voces disidentes en el ACS comenzaron a cuestionar que sea la UCR la que tenga el derecho a nominar al candidato a presidente y piensan que el socialista Hermes Binner sería un mejor postulante. De modo subterráneo, hay quienes están trabajando sobre los valores comunes para que la Coalición Cívica de Elisa Carrió se reintegre al ACS y Ricardo López Murphy se sume a la movida. En esa sintonía, hay quienes buscan incorporar también a Pino Solanas (Proyecto Sur), con el argumento que, bajado de la presidencial que dispersaría votos, sería un gran candidato para ganar la Ciudad de Buenos Aires y sumar para la nacional. Otro tanto se piensa en el GEN de Margarita Stolbizer, con la diputada como candidata a la gobernación de Buenos Aires. La idea de casi todos es presentar al ACS como la versión más ajustada del progresismo, lejos según ellos del clientelismo conservador del Gobierno y del tufillo neoliberal de la entente Peronismo Federal-Unión PRO.

Justamente, los federales no las tienen todas ellos, ya que perdieron en el camino a dos postulantes, Felipe Solá y Mario Das Neves, y ahora están en ver si les conviene hacer o no las internas por región, método que Eduardo Duhalde defiende a rajatabla. La novedad de último momento: están tratando de reflotar a Carlos Reutemann como candidato de unidad.

Las disidencias no están puestas sólo en el modo de elegir a los postulantes, sino en si van a acordar o no con Mauricio Macri, que Francisco de Narváez empuja, Duhalde recela y Felipe Solá rechaza. El jefe de Gobierno porteño deshoja la margarita y, pese a que ha jurado que se presentará como candidato a presidente y señala que por eso el Gobierno nacional lo ataca cada día (tomas de predios, Teatro Colón, residuos), resiste como puede la presión para que se defina.

Tampoco Macri resolvió aún qué hacer con las elecciones locales, ya que él cree que, si las junta con la nacional, la jugada le podría birlar la Ciudad al PRO si el efecto Cristina arrastra votos mediante las cuatro colectoras (Daniel Filmus, Carlos Tomada, Amado Boudou y Carlos Heller) que irían con ella como cabeza de lista.

La oferta que esboza buena parte de los federales más el PRO sería avanzar mirando el espejo de Brasil, Uruguay y Chile hacia una movida más social-cristiana, al tono del primer peronismo y con el apoyo de la Iglesia y de muchos intendentes del conurbano que piensan igual, en una línea bien diferenciada de la social-democracia que encarnará el ACS o la continuidad del peronismo de izquierda nacional y popular, que representará una importante porción del FPV.

En general, en la oposición hay elementos delicados que la alientan a apurar definiciones:

La inseguridad y la escalada del narcotráfico.

Las denuncias de corrupción.

Las complicaciones que se manifiestan en la economía, sobre todo por el consumo abusivo y la situación inflacionaria, junto al festival de subsidios y al desajuste paulatino del tipo de cambio, que han acotado los superávits y que parecen llevar al proceso económico hacia un callejón del que será problemático salir.

Los desvaríos en materia de las relaciones internacionales.

En este punto, hay que anotar que, síntoma de su molestia, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se haya referido en un reportaje otorgado a un periodista argentino a un hecho en apariencia menor, como fue la carga del avión de la USA Air Force que llegó a Ezeiza con elementos que estaban fuera de la lista oficial para ser utilizados en un curso policial y que fueron secuestrados desaprensivamente y de modo personal por el canciller, Héctor Timerman.

Si bien la Argentina sigue sosteniendo que la fuerza aérea estadounidense intentó violar las leyes aduaneras ingresando material camuflado dentro de un cargamento oficial, en Washington creen que se trata de una encerrona con propósitos de política interna, pilotada por sectores ideologizados del Gobierno que especulan con la antipatía que los argentinos dicen sentir por los Estados Unidos.

Igualmente, la controversia parece ser la gota que rebalsó el vaso de una relación que ya venía resentida por desencuentros: los cables de WikiLeaks, críticas más o menos larvadas de los funcionarios, tironeos de política internacional y un notorio alineamiento antiestadounidense (caso Libia), más menciones reivindicatorias en discursos presidenciales, a partir del daño a la relación país-país que implicó la Cumbre de Mar del Plata, cuando Néstor Kirchner y Hugo Chávez le hicieron la vida imposible a George W. Bush (h).

Mientras el Gobierno ha hecho un elocuente mutis sobre el avión, el martes llegará el venezolano a la Argentina para relanzar la relación y debido a su verborragia quizás haya nuevas vueltas de tuerca a esta conflictiva zaga de dimes y diretes.

El fondo del problema de la relación con los Estados Unidos es que algunos desinformados le vendieron a la Presidenta que los demócratas iban a ser más afines a la Argentina que los republicanos y que el nuevo presidente por ser negro podía ser más permeable que su antecesor. Pero lo cierto es que ese análisis demostró estar lleno de errores, ya que no tomó en cuenta siquiera que la seguridad nacional, en todos sus aspectos, es una política de Estado estadounidense y la institución presidencial, una sola.

El caso no deja de tener sus costados cholulos, ya que la Presidenta se sintió rechazada una vez más cuando Obama viajó a Brasil y Chile, sin pasar por la Argentina, lo que en realidad no dejó de ser un alivio porque, de haberse concretado, el propio Gobierno debería haber calmado protestas de su propia interna. Ese viaje tuvo además otros costados porque no quedó registrado ningún saludo presidencial cuando el Air Force One cruzó el territorio argentino y hasta hubo especulaciones de que eso sucedió porque no se le liberó el espacio aéreo, con dos versiones al respecto: que transitó por Bolivia o que igual pasó por la Argentina, pero sin requerir autorización.

Si se siguen de cerca los innumerables baches en política exterior, las controversias con Estados Unidos debe enlazarse necesariamente con el caso Suiza, donde el canciller también ha tenido un papel central, sobre todo a la hora de negociar con el embajador en la Argentina las derivaciones de la situación con Hugo Moyano que puso en jaque al Gobierno, para tratar de desactivar el paro de camioneros Lo que quedó de esas horas de tensión es que el jefe de la CGT acusó a la prensa para no apuntar directamente a sectores y personajes gubernamentales, entre ellos a Timerman, con nombre y apellido, de prepararle una emboscada en relación a su supuesta relación con Covelia, firma investigada por la justicia suiza.

Cuando las papas quemaban, la Cancillería se llegó a decir no sólo que Moyano no era investigado, sino que ni siquiera se lo nombraba en el exhorto. Luego se comprobó que no sólo él y su familia sí están mencionados varias veces y que el requerimiento habla de actividades criminales, sino que la justicia suiza pidió antecedentes también de otras causas, ya que enlaza este caso con el de las obras sociales debido a que Covelia podría ser destinataria de fondos de origen ilícito generados entre otras cosas por una organización criminal activa en el tráfico de medicamentos falsificados.

Justamente, por todos estos traspiés que tienen poco de diplomáticos y mucho de operación política, Timerman no las tiene todas consigo en cuanto a la relación con la Presidenta y ya se desliza que quien podría ser su sucesor, el embajador en España, Carlos Bettini, está instalado en la Argentina. A diferencia del actual canciller, a Bettini se lo tilda de hombre reflexivo que conoce el mundo de la diplomacia y sabe hacer política.

Las elucubraciones del moyanismo tienen que ver con el tercer espacio en pugna: la propia interna gubernamental. Los sindicatos resisten a brazo partido que el ala izquierda del Gobierno y sus aliados quieran desplazarlos, y ellos tienen firme la pretensión de exigir la presencia de miembros de la CGT en las listas de octubre, incluidos el cargo de vicepresidente de la Nación y de vicegobernador bonaerense. En este punto, hay que poner en paréntesis la seguridad 100% de que la Presidenta sea la candidata, aunque trascendió que en Olivos ella mira encuestas al derecho y al revés para decidir el sí final. Por último, agazapado en el banco de suplentes espera Daniel Scioli, a quien no le podría tocar ni un mendrugo en la movida, sobre todo si la izquierda aliada al Gobierno le rebana vía colectoras los votos que necesita para seguir como gobernador.