AVILÉS.- Es uno de los cineastas más reconocidos y valorados internacionalmente, pero el neoyorquino Woody Allen llegó a la localidad asturiana de Avilés, en el norte de España, para inaugurar con su música el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer.
Dicen que un buen músico nunca deja su instrumento en manos de otro y así, Allen se aferraba a sus dos maletines en los que llevaba sus clarinetes, haciendo incluso ejercicios de malabarismos a la hora de agarrar el micrófono. Aunque él no se considera precisamente un buen músico.
"No he venido hoy aquí como cineasta, sino como el terrible músico que soy", comentó ante la prensa al inaugurar el Film Center del centro cultural, que lleva su nombre en la butaca central, y que se abrirá el martes con un ciclo de películas que Allen considera imprescindibles. La primera: "Rashomon", del japonés Akira Kurosawa.
Asturias es una región a la que Allen está profundamente vinculado -fue escenario de una de sus películas y de la presentación de otras dos-. Con esta invitación quisieron agradecerle la promoción que hace de la comunidad, señaló el presidente asturiano, Vicente Álvarez Areces.
El cantautor español Luis Eduardo Aute no se mostró de acuerdo con esa faceta de mal instrumentista. "Es un músico espléndido", señaló sobre Allen, con quien dijo que está unido por la pasión por el cine y la ficción por la música.
Tampoco parecieron estar de acuerdo las 14.000 personas congregadas en el complejo Niemayer, que pese a la lluvia intermitente no se amilanaron y acudieron en masa. Los organizadores prefirieron ampliar el cupo (había sólo 10.000 entradas disponibles) abriendo una de las paredes del auditorio que da a la extensa plaza del complejo y proyectando la actuación en pantalla gigante sobre el escenario del enorme edificio en forma de ola, tan representativo del estilo del arquitecto brasileño. Todo porque el centro internacional Niemeyer está concebido bajo la idea de igualdad y democratización de la cultura, como señaló Pilar Varela, la alcaldesa de Avilés.
También esa era la idea del arquitecto brasileño, de 103 años, que por motivos de edad no pudo ver in situ su única obra en España y el que considera su principal trabajo en Europa.
Niemeyer siempre dijo que quería crear una plaza abierta a todos los hombres y mujeres del mundo y un lugar de diálogo entre distintos modos de interlocución artística y distintas culturas. Un discurso del propio Niemayer fue leído por su nieto, Carlos Oscar Niemeyer.
El centro, que se inaugura tras más de dos años y medio de obras y una inversión de 61 millones de dólares es un regalo del arquitecto brasileño con motivo del 25 aniversario de los Premios Príncipe de Asturias, que él recibió en 1989 y Woody Allen en 2002. Cuando en 2006 le plantearon participar en los festejos, Niemeyer quiso contribuir con lo único que -dijo- sabe hacer: dibujar. (DPA)