Las vacaciones son una temporada de sensaciones. Algunas son masivas: la Costa está cara y la inflación que declara el Indec es digna de un teatro de revistas. Otras son individuales: refieren a la intensidad del bronceado, a los kilos sumados o restados, a las ganas de volver al trabajo... o no. Y un tercer grupo mezcla las variables del tiempo y el espacio. Se aplica a quienes se alejan de su domicilio y, una semana después, declaran que sienten que se fueron de su casa hace un año.

Las vacaciones que tomó en Punta Cana el gobernador, junto con tres de sus colaboradores de mayor confianza, también configuran un mundo de sensaciones políticas, que fueron escapándose de las valijas durante esta semana, tan infinitamente más trascendente que la anterior.

La más llamativa de las pretensiones que llegan desde República Dominicana refieren a que, en las blancas arenas caribeñas, el ministro de Desarrollo Productivo, Jorge Gassenbauer, se tostó de ganas de dejar de ser el técnico de mayor confianza del gabinete para convertirse en el político más influyente del entorno. En otras palabras, aspiraciones de vicegobernador. Tal vez influyó el hecho de que, mientras él no estaba, allegados suyos consultaran informalmente en bares y despachos (y "a título personal") cómo veían a "Jorge" de "Nº 2". Al final, y aunque en el aire flotaban las ganas de poner bajo la sombrilla el debate sobre la precaria situación de Juan Manzur, en la Playa de Bávaro nadie hizo olas con ese asunto. Eso sí, una suerte de "cláusula gatillo" se corporizó allí: si la Presidenta le dice al gobernador que desea que Manzur continúe al frente del Ministerio de Salud federal, la fórmula se cambia. El propio titular de la Legislatura (en abuso de licencia) salió ayer a declarar "improbable" ese escenario, aunque eso equivalga a que ni él apuesta mucho por su papel en la Nación.

Tierra firme

Del receso dominicano también llegó la añeja sensación de que el mayor escollo para la escalada política de Gassenbauer se llama Sergio Mansilla. Ambos tuvieron una pulseada subterránea (tan real como desmentida) hace dos años, cuando debía definirse quién sería el segundo candidato a senador del alperovichismo. Ya se sabe quien ganó. Da la impresión de que, si hoy debiera definirse un número dos para la fórmula gubernamental tucumana de 2015, el depositario de ese gesto de confianza sería el ex intendente de Aguilares. Para el caso, no hay mayores cambios para la lista oficial de legisladores que él confeccionó para el Oeste. Sólo hay una incorporación: la de la diputada nacional Miriam Gallardo, esposa del intendente luleño César "Kelo" Dip. Aún no se definió en qué término. Tampoco si dejará su banca en la Cámara Baja (tiene mandato hasta 2013).

La impresión más novedosa, por cierto, fue la del ingreso definitivo del ministro del Interior ya no al círculo próximo sino al riñón mismo del alperovichismo. Gassenbauer y Mansilla no son sólo dos compañeros de viaje habituales de José Alperovich: prácticamente, son los únicos. Por cierto, el debut de Osvaldo Jaldo se reveló pragmático. Pareció que cuando el mandatario musitó que especulaba con postular a las ministras de Educación (Silvia Rojkés) y de Desarrollo Social (Beatriz Mirkin), el tranqueño tomó la idea en el aire. Su matemática es simple: la lista oficial del Este sentó nueve parlamentarios en 2007. Entonces, si él y las dos funcionarias son candidatos testimoniales, Camila Khoder, Manuel Fernández, Alejandra Cejas, Alberto Herrera, José Teri, José Gutiérrez y Gregorio García Biagosch, al igual que Juan Siviardo Gutiérrez y José "Tití" León (las dos últimas incorporaciones), no tendrán inconvenientes en ocupar cualquiera de los 12 términos titulares de esa nómina.

Entre refresco y refresco se coló el aroma de que la ministra Mirkin también podría ser candidata a diputada nacional. Pero en materia de corazonadas, ninguna lució tan contundente como la que hace mención a la senadora Beatriz Rojkés como la sucesora política de su esposo, cuando él decline una nueva postulación.

Arenas movedizas

Los mares turquesas también anudaron sensaciones contradictorias en los tobillos alperovichistas. La que se instaura, cada vez con más fuerza, es la confusión entre esas dos dimensiones que son el alperovichismo y el amayismo, hasta el punto de posicionarlos como contradictorios. Prácticamente, antagonistas.

En la intendencia reinaba, al comienzo de esta semana, un tufillo de resentimiento. ¿La razón? El alperovichismo le encomendó a Mansilla y a Jaldo "armar" el Oeste y el Este. Coordinadamente, cada intendente del interior, organiza sus propios acoples. Y, a la par, teje su propia estructura el ministro político, Edmundo Jiménez (por estos días, busca candidato a intendente para Alberdi). En cambio, a Domingo Amaya nada le encargaron "armar". Léase, puede llegar a tener un Concejo de "ajenos" en octubre.

Pero en los últimos días, el amayismo entró en estado la alerta. Primero fue la decisión de que el secretario de Prensa y Difusión, Ignacio Golobisky, asuma la banca de concejal que dejó el ahora ombudsman, Hugo Cabral, pero para no ejercer como edil sino para pedir licencia. O sea, para que a su pupitre lo ocupe Rosa Augier de Rojas, funcionaria de Amaya, pero en la precaria calidad de suplente. Después vino lo peor: en Casa de Gobierno ya levantan apuestas respecto de que Augier de Rojas, en los próximos comicios, podría ser candidata a concejala de la lista oficial del Frente para la Victoria.

En la jefatura municipal reniegan de una rapiña de dirigentes. Fuera de la intendencia, también. Diluvian en el palacio gubernamental los reclamos de dirigentes que denuncian que el acople que postula como legisladores a Armando Cortalezzi y a Guillermo Gassenbauer (hijo del ministro) consigue, para sus pedidos, respuestas en tiempo récord en el Ministerio de Desarrollo Social. Claro que no son más que sensaciones propias de las vacaciones.

Aquí también Gassenbauer (padre) y Mansilla exhiben dualidades. Al menos, eso muestran los entornos de cada uno. En el del primero, se dice que Amaya no "armó" para las elecciones porque no quiso. En el del segundo, advierten que se margina a dirigentes "amigos" de la gestión.

Alperovich zanjará la cuestión. Da la impresión de que en Punta Cana le advirtieron que, por ejemplo, la publicidad que haga determinará la suerte de la lista oficial de la capital, cada día menos light. Y eso no sólo por el acto que preparan para la semana próxima, sino por una pregunta que gana lugar: los capitalinos que quieran legítimamente votar por Alperovich (sin ser arriados por el clientelismo), ¿qué lista de legisladores van a votar?

Esa cuestión, incluso, entusiasma a Fernando Juri, que a partir de sus antecedentes de peleas con el gobernador, aspira a presentarse como "acoplado crítico".

La decisoria estación

Este marzo sin Semana Santa echa al olvido las vacaciones para imponer, en lo político, una sensación inédita en 2011: el oficialismo ha perdido el monopolio de las novedades institucionales.

Tal como LA GACETA lo anticipó el domingo, la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo fulminó la oprobiosa conformación de la Junta Electoral Provincial. Declaró la nulidad del cambio introducido por la funesta reforma de 2006, que le dio al Gobierno mayoría automática.

Los camaristas Rodolfo Novillo y Carlos Giovanniello, en la causa que impulsaron Alejandro Sangenis y Rodolfo Burgos (MP3), también condenaron a la inconstitucionalidad a la cláusula del proselitismo rentado: la que dice que no puede obligarse a un funcionario que es candidato a pedir licencia durante su campaña.

Es mucho más que un fallo histórico e inteligente: es otra denuncia pública sobre los excesos y el mal obrar de una Convención Constituyente que deliberaba en el quincho del gobernador para forjar la anticonstitución: la Carta Magna que en lugar de limitar al poder político, lo blindara. 


Contra la pretensión de que el oficialismo es todopoderoso, queda la impresión de que hay una Justicia que sí resguarda las instituciones de los tucumanos. Contra la noción de una dirigencia que vive de veraneo, queda la sensación de que hay una oposición que se comporta como tal. 

El lunes comenzará la estación que antecede al invierno de las elecciones. Será otoño para unos más que para otros.