Los excesos suelen jugarle siempre una mala pasada al hombre, que a veces desoye o no presta atención a signos de que algo negativo puede afectar o modificar negativamente la realidad. Eso suele suceder con frecuencia en nuestro país, donde no hay una aceitada cultura de la prevención y por lo tanto, esta -así como los controles- no se realiza en forma constante. Una vez solucionado parcialmente el problema, sobreviene una suerte de amnesia hasta que este vuelve a reaparecer.

En octubre pasado, se presentaron las primeras manifestaciones del resurgimiento del dengue que alertaron a las autoridades sanitarias de Catamarca y Santiago del Estero. La noticia preocupó a los habitantes de Aguilares, ciudad que en 2009 fue el centro de la epidemia: se registraron más de 500 casos entre marzo y mayo de ese año.

En estos días, la presencia de 20 casos sospechosos en Yerba Buena y la San Miguel de Tucumán movilizó a los funcionarios del Siprosa que comenzaron a efectuar operativos donde viven estas personas para combatir al mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, considerado una enfermedad de la pobreza. Algunos síntomas de esta patología son dolor de cabeza, fiebre alta, dolor corporal y de cabeza, y picazón.

Si la luz se encendió en octubre, era de esperar que durante el lluvioso verano el peligro del desembarco de la enfermedad en tierras tucumanas fuera más que una lejana posibilidad. En ese entonces, un ex legislador provincial que vive en Aguilares había advertido en una carta de lectores que debían tomarse allí urgentes medidas de prevención, tales como erradicar los basurales, desinfectar las viviendas y descacharrar y desmalezar todas las zonas donde puede desarrollarse el insecto. Sin embargo, da la impresión de que su inquietud no fue tenida en cuenta porque los vecinos del barrio Villa Nueva, de Monte Rico, dijeron el fin de semana pasado que frente a la escuela Borges, existe desde hace tiempo un enorme depósito de chatarra, que en el momento de la alarma por el dengue, en 2009, fue noticia provincial. Otros que viven en el barrio Newbery, expresaron su temor por una acequia a cielo abierto. En la capital y en Yerba Buena, los agentes sanitarios hallaron larvas en piletas de lona, plásticos, botellas y tapas de gaseosas. Dijeron que la eliminación de estos criaderos es fundamental para reducir la población de Aedes aegypti.

Durante el período 1997-2008 se registraron en la Argentina 3.452 casos de personas infectadas con el virus. Sin embargo, en cinco meses de 2009, esa cifra trepó a 24.437 enfermos, es decir un crecimiento del 700%. En Tucumán, hubo 1.749 casos de dengue, entre confirmados y sospechosos; 628 casos se registraron en la capital tucumana hasta marzo de 2009. El Gobierno dispuso entonces una campaña de eliminación de cacharros y de fumigación, que dio sus frutos y logró que la población comenzara a concientizarse. En esa oportunidad, el ministro de Salud dijo que el dengue había llegado para quedarse y aunque en 2010 no hubo casos en la provincia.

En noviembre, el ministro nacional de Salud dijo que se impulsaría una fuerte campaña de prevención contra el dengue en el norte del país, debido a que habían comenzado a registrarse brotes del mal en Paraguay. Se esperaba entonces, desde el Ejecutivo, una fuerte campaña de prevención del mal y de fumigación, pero no sucedió, o no tuvo impacto. En enero y febrero de 2011 llovió casi la mitad del promedio anual, por lo tanto era lógico suponer que la caída de tanta agua favorecería el desarrollo del mosquito. Lo cierto es que, una vez más, el inminente peligro nos encuentra en muchos aspectos desguarnecidos. Sería importante que se actuara con la premura del caso para ahuyentar esta enfermedad de la pobreza sin que se registren víctimas y la prevención de la salud se constituya en una política de Estado, en la provincia y en los municipios.