La campaña azucarera aún no tiene fecha de inicio, pero ya hay ambiente de zafra en la provincia. Tucumán se prepara en distintos ámbitos y de maneras diversas para desarrollar el proceso productivo por excelencia de esta parte del país, con trabajos apresurados en cada uno de los 15 ingenios, en los cañaverales y en toda los sectores que circundan la principal actividad económica de la provincia. En el medio, los empresarios del sector afilan el lápiz y estiman producciones y posibles rentabilidades, en un contexto productivo y comercial que se presenta favorable. Salvo, claro, que el diablo meta la cola, y el diablo en el sector azucarero argentino suele ser... el mismo azucarero.

Hoy por hoy, la bolsa de 50 kilos de azúcar se estabilizó en $ 195 a $ 200 en el mercado interno, valores absolutamente tonificados con relación a los precios de igual fecha del año anterior, y mucho mejores que los del inicio de la campaña 2009. Con estos números, y teniendo en cuenta que el mercado externo también se presenta favorable, las condiciones de esta zafra parecen inmejorables. Se preanuncia que habrá mucha caña, aunque a causa del exceso de lluvias no hay parámetros para saber a qué niveles llegarán los rendimientos. Sí se cree que debido a que el año se presenta con elevados índices de humedad no se producirían heladas de consideración, lo que favorecería la posibilidad de que se obtenga una importante producción de azúcar. En principio, se cree que Tucumán está en condiciones de elaborar 1,5 millón de toneladas del endulzante y que, en tales circunstancias, habría que poner especial énfasis en las exportaciones. Sobre este punto, ya se comienzan a deslizar algunos porcentuales de excedentes que deberían ser vendidos al exterior, y es en este punto en particular en que las posturas de los distintos factores terminan desencontrándose.

Los industriales y cañeros que integran la mesa de seguimiento de las exportaciones están evaluando que se debería fijar un porcentaje exportador "generoso", que evite a toda costa un desequilibrio entre la oferta y la demanda internas de azúcar -algunos mencionan hasta 500.000 toneladas para que no caiga el precio interno-. Mientras, los grupos que operan por afuera de las decisiones que toma esta mesa pretenden que se decidan valores no demasiado altos, que puedan ir corrigiéndose en la medida de que el mercado lo requiera. Este aspecto y la imposición gubernamental de que el sector debe destinar una parte del azúcar que se obtenga en esta zafra a abastecer paquetes de un kilo a precios de quebranto generan desacuerdos entre los azucareros. De un lado están los que aseguran que no hay margen de negociación sobre precios sostén con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y que se deben aceptar sin chistar las disposiciones oficiales, mientras que del otro se ubican quienes argumentan que el sector no debería aceptar imposiciones que no convengan a la economía de la actividad. Los primeros -los institucionalizados- deslizan que los otros no conocen la "cocina" de las negociaciones con el Gobierno, y estos directamente cuestionan a los azucareros que representan a toda la actividad en el concierto nacional.

Seguramente no será sencillo sellar acuerdos entre todos, porque los intereses parecen disímiles, aun cuando el objetivo final de las dos facciones es desempeñarse en una actividad rentable. En los últimos meses, los que operan bajo la órbita de la mesa azucarera nacional -Centro Azucarero Regional de Tucumán (CART), Centro Azucarero Argentino (CAA), Unión Cañeros Independientes de Tucumán (UCIT) y Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (Cactu)- no se interesaron en juntarse con los referentes del grupo que actúa por afuera de las decisiones de la mesa. Incluso, hubo cruces de acusaciones que seguramente harán más difíciles las conversaciones, aunque de ninguna forma se puede decir que sea imposible un acercamiento de posiciones. Un escollo imprevisto parece ser que no están del todo bien las relaciones entre los principales ingenios de Tucumán y algunas de las empresas azucareras del norte, pero se cree que la sangre no llegará al río.

Al menos, hay disposición de las partes de sentarse a dialogar, aunque los institucionalizados en la mesa azucarera ya aclararon que el consenso sobre las obligaciones de las empresas azucareras debe ser absoluto, sin que nadie saque los pies del plato. Los otros quieren barajar y dar de nuevo, y conformar una mesa distinta que la actual, que sea representativa y no viciada de sospechas de ningún tipo. Demasiados condicionamientos, pero así están las cosas.

Está claro que no es lo mismo negociar en crisis que en bonanza. Entonces, es de suponer que en estos meses que quedan hasta el comienzo de la zafra habrá tiempo para debatir y para llegar a posiciones conjuntas que permitan que la actividad azucarera argentina prosiga en la buena senda, y que todos ganen dinero. De lo contrario, podrían repetirse experiencias anteriores, en las que la intransigencia gobernó y todos salieron perdiendo.