Tucumán está abonado a las paradojas. Mientras algunos sectores de la provincia siguen sin levantar cabeza (un ejemplo claro y triste es el turismo), otros se muestran más dinámicos y creativos. En este último grupo se encuentra el ámbito de la cultura. Nadie que aprecie en la cartelera de LA GACETA la enorme oferta de espectáculos de toda índole que pueden verse, oírse y gozarse... o padecerse, según los casos, puede creer que semejante cantidad de opciones exista en una misma provincia. Eso demuestra que Tucumán sigue siendo un centro de cultura indiscutible. Los mismos productores lo reconocen al afirmar que en estas tierras no sólo hay bellos paisajes para los turistas. También hay música, teatro y danza. Hay espectáculos en las plazas y en los barrios. Hay muestras de arte en los museos y salas no convencionales... Hay cultura en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, lo que se hace no siempre alcanza para construir aquello que los tucumanos sueñan desde hace un tiempo largo: recuperar el liderazgo regional.

Para empezar, se sigue actuando sin planificación. O, mejor dicho, con una planificación aislada. Esto quiere decir que cada sector hace lo que puede, como puede y cuando puede, sin consultar demasiado a los otros. A la hora de planificar el año en materia de espectáculos, nunca se llega a concretar una reunión entre los distintos sectores (Estado, privados e independientes) para lograr, al menos, que algunos eventos no se superpongan entre sí.

Mapa impuesto

La cuestión es simple. Desde hace 13 años la Universidad Nacional de Tucumán viene haciendo suyo el mes de julio y convierte a las vacaciones de invierno en una suerte de fiesta, con la música como eje de un sinfín de propuestas. Y lo hace del mismo modo en que la Provincia se apropió, en los 60, del noveno mes del año para instaurar su ya clásico Septiembre Musical. Pero hoy las cosas no están tan claras como antes. En los últimos años el Julio Cultural de la UNT se encontró con una competencia: las actividades con las que el Ente Cultural pretende captar la atención de los tucumanos y de los turistas durante el receso invernal. Esto no está mal, por supuesto. Una propuesta de esta envergadura merece todos los elogios. Pero sin una planificación adecuada, semejante esfuerzo se esfuma como la lluvia en el desierto.

La ausencia total de planificación ha llegado a tal punto que hace un par de años se superpusieron, en un mismo fin de semana, varias fiestas y festivales folclóricos de tradición. Y, durante el Septiembre Musical del año pasado, el gran trompetista "Fats" Fernández ofreció un memorable concierto de jazz en el Teatro San Martín, el mismo día y a la misma hora en que la Sinfónica de la UNT presentó su ya clásico concierto de música de películas en el teatro Alberdi. Una situación incomprensible que puso al público ante la dura tarea de tener que elegir entre una u otra propuesta.

Pujanza independiente

Claro que el Estado o la UNT no son los únicos que movilizan a la actividad en la provincia. Las agrupaciones independientes, con sus estrenos de teatro en salas alternativas y espectáculos en peñas y bares, también ha llevado la pujanza del sector a niveles nunca antes vistos. Esta concentración de shows y de estrenos provoca no sólo desorientación, sino también asombro y hasta tristeza. Es cierto que en Tucumán hay público para todo, pero cuando la oferta es superior a la demanda, el esfuerzo cae en saco roto. El año pasado, por ejemplo, dio pena ver la sala del San Martín medio vacía cuando actuó el gran pianista argentino Eduardo Hubert. Y sigue dando pena escuchar a los teatristas locales cuando hablan del escaso público que asiste a sus obras cada vez que una producción foránea llega a la provincia justo el mismo día en que estrenan sus puestas. Esta suerte de diáspora cultural es, por supuesto nociva. Las autoridades podrán decir que las quejas son gratuitas. Puede ser: es mejor hacer mucho que no hacer nada. Pero, ya que se está trabajando, sería bueno que ese hacer tenga también una organización. Por ejemplo: el mes de julio para la UNT, el septiembre, para la provincia y, en el medio, las actividades independientes agendadas dentro de un esquema que asegure una ganancia para todos. No es tan difícil. A lo mejor es utópico, pero no está mal intentarlo. Porque la cultura también implica diálogo y planificación. No sólo luces y marquesinas o peñas y cacharpayas. La historia ha demostrado que, en Tucumán, la cultura siempre fue capaz de sostener las vigas del techo, en medio de todos los derrumbes. Eso si, de una manera caótica. Tal vez por eso no ha sido efectiva. Pero con una planificación certera, es posible recuperar la mística de los años 60, cuando el hacer daba deliciosos frutos.

Articuladores

Hoy, los productores aseguran que traer un espectáculo de nivel internacional a Tucumán es todo un riesgo. Un riesgo que ahora sí están dispuestos a asumir. Y, para eso, se necesita planificación. De hecho, una de las visitas más esperadas de este año es la de Joaquín Sabina, que se pudo concretar después de mucho tiempo de dudas. Por eso, quienes se desempeñan en la gestión pública deberían entender que el desafío pasa, de manera primordial, por asumir el papel de articuladores con capacidad para integrar las distintas áreas del campo cultural. De lo contrario, cualquier esfuerzo se diluye.