La política y la función pública son como un viaje en calesita. El dirigente o el funcionario puede subirse un día al avioncito; otro al caballito y tal vez al chanchito. Todos los que la usan tienen un solo objetivo: prenderse a la sortija.

José Alperovich trasladó su calesita a más de 6.000 kilómetros de Tucumán, en las playas de Punta Cana para ser más precisos. Subió al avión, al caballo del comisario y al chanchito de la fortuna a una de sus mesas chicas: la que componen los ministros Jorge Gassenbauer (Desarrollo Productivo) y Osvaldo Jaldo (Interior) y al senador Sergio Mansilla. Las minivacaciones sólo sirven para consolidar el esquema de poder para los próximos cuatro años. Edmundo Jiménez se quedó en estas tierras para hacer el trabajo sucio: mostrar que él también puede aglutinar fuerzas para la empresa "550.000 votos en agosto". En la sede del Poder Ejecutivo dicen que el ministro de Gobierno no ha quedado desamparado, sino expuesto al acople que sumará votos. Jiménez puede llegar a convertirse en el artífice de la gran colectora alperovichista.

Sin Alperovich en Tucumán, la Casa de Gobierno parece más tranquila. Claro que en los pasillos, porque el teléfono sigue sonando con llamadas que llegan desde República Dominicana. El gobernador no descuida la gestión, más allá de la distancia. Por caso, ayer preguntó qué estaba sucediendo con algunas escuelas de la provincia. Cada vez que la palabra desnutrición merodea en la provincia, al mandatario le inquieta sobremanera. Muchos funcionarios afirman que esa era la postal de la gestión mirandista y que, ahora, se ha logrado desdibujar con acciones directas hacia la población. Preocupa y punto.

Otras llamadas desde la paradisíaca playa dominicana están relacionadas con el desenvolvimiento financiero del sector público. En tiempos de paritarias, todo lo que significa aumento constituye una suerte de agujero para la caja. El propio ministro de Economía, Jorge Jiménez, calculó que el incremento salarial a los 80.000 estatales tucumanos puede llegar a costarle al erario no menos de $ 1.000 millones. Sí, un 10% del presupuesto vigente o casi el equivalente al 80% de la recaudación anual de la Dirección General de Rentas.

En el Ejecutivo esperan amortiguar este reajuste salarial con una ayuda nacional, como el que se otorgaba hasta el año anterior, mediante el Plan de Asistencia Financiera. El pedido se formalizaría la semana que viene, cuando Alperovich retorne desde Punta Cana. No serán más de $ 200 millones, afirman los funcionarios que participan de las tratativas con la Nación.

Las elecciones transcurrirán sin fuertes incrementos en el gasto público, pregona el conductor del área económica. Tal vez se recurra al crédito externo en los megaprogramas negociados por la presidenta, Cristina Fernández, ante organismos internacionales. En ese contexto, Bella Vista tendrá buenas noticias: un préstamo de U$S 8 millones para obras de agua y cloacas. Otros tantos millones serán desembolsados para obras similares en El Manantial. El resto se financiará a través del Fondo Federal Solidario, ese aporte que deja la soja.

La calesita electoral sigue dando vueltas. El viaje a Punta Cana dejó varias caras largas en el gabinete de Alperovich, que trata de evitar que sus ministros incursiones en política más de lo debido. También hay otro que extrañó no subirse a ese vuelo: Juan Manzur, el eterno compañero de fórmula que aún no dio el sí definitivo.