A Carlos Roldán no le van a alcanzar las ovejas para contar en pos de conciliar el sueño. Ganó un partido chivísimo en el momento que más lo necesitaba y despejó por un rato los cuestionamientos tribuneros que desde hace varias fechas lo empezaron a rondar. De paso cañazo, recuperó algo de la fe perdida y le bajó los humos a un Rosario Central que vino a La Ciudadela con intención de llevarse el pan y la torta.

Hasta ahí todo muy lindo, pero incompleto. Sería de necios dejar de lado que el dulce gusto de la victoria llegó después de haberse atascado un buen rato a la altura de la tráquea. En efecto, San Martín exhibió anoche una alarmante falta de fútbol. Algo que se notó principalmente en el pésimo primer tiempo, en el que el juego de ambas escuadras le dio válidos motivos al cielo para empezar a lagrimear tupido.

Roldán no come vidrio y sabe que su escuadrón estuvo lejos de ser una sinfónica. Por eso su análisis se presenta eufemístico, pero a la vez contundente: "no sé si fuimos justos vencedores, pero fuimos ganadores al fin. No claudicamos nunca y al partido lo buscamos de la manera que le gusta a la gente".

Para el DT, la alegría es mucha, pero no total. "Estoy contento por haber ganado", admitió. "Pero me hubiera gustado hacerlo con un poco más de juego. Entramos con un estado emocional elevadísimo y eso no nos permitió pensar claramente. Lo bueno es que supimos aprovechar las chances que generamos", apuntó luego. Queda claro que había que ganar como fuera.

Al DT le resultó insoslayable pronunciarse sobre el pobre desempeño de David Robles, la apuesta por la cual decidió dejar afuera a Hernán de Camilo. Y optó por la vía diplomática: "David incursionó entre lo bueno y lo no tanto. Hace mucho que no jugaba y sin dudas se vio superado por la ansiedad".

A su entender, la cuestión ahora, será tratar de armonizar virtudes: "el año pasado teníamos más juego, pero nos faltaba la combatitividad que hoy estamos demostrando. Trataremos de unir ambos conceptos".

Sí señores, San Martín vive. Con carencias y respiración entrecortada, pero vive.