A veces no todo sale como se lo planea. Y una prueba de ello es el cronograma del juicio por el crimen del juez Héctor Agustín Aráoz. El 28 de febrero era la fecha prevista para que se dicte sentencia, absolutoria o condenatoria, contra los acusados Ema Gómez y Alejandro Darío Pérez (imputados de homicidio agravado); Rodolfo Domínguez, Andrés Fabersani y Rubén Albornoz (imputados de encubrimiento agravado e incumplimiento de los deberes de funcionario público). Pero el tribunal ya no podrá guiarse del calendario inicial. Hasta ahora, declararon 14 testigos en el marco de la compleja causa; aún restan unos 69.
Al juez lo asesinaron a balazos en su casa de Yerba Buena el 26 de noviembre de 2004. Todos los implicados en el caso son ex policías (el único en actividad es Albornoz). Según el expediente, Ema Gómez y Aráoz eran novios; paralelamente, la ex agente mantenía una relación sentimental con Pérez. Esto habría ocasionado el conflicto que derivó en el brutal homicidio, según los investigadores. Se sospecha que Domínguez, Fabersani y Albornoz encubrieron el hecho.
El debate oral y público, a cargo de la sala I de la Cámara Penal (integrada por los vocales Pedro Roldán Vázquez, Carlos Norry y Emilio Páez de la Torre), comenzó el 7 de febrero. Y, a lo largo de la primera semana, solamente declararon los acusados del crimen.
La primera testigo que declaró en la causa fue Lucrecia Terán Luna, viuda del magistrado. El segundo, su hijo mayor, Agustín Aráoz Terán.
Posteriormente, fueron brindando sus versiones vecinos del magistrado; policías que trabajaron en la investigación o que estuvieron a cargo de la pesquisa y peritos balísticos (entre ellos, el perito de parte de Pérez, Oscar Terraza, quien pasó en total más de 10 horas ante el tribunal). El miércoles, luego del feriado por Carnaval, se realizará la decimosexta jornada de debate.
Con frecuencia, el presidente del tribunal, Roldán Vázquez, les solicita a las partes (en especial a la fiscala, Juana Prieto de Sólimo, y al defensor de Pérez y Fabersani, Gustavo Morales) que agilicen el ritmo de sus interrogatorios. Sin embargo, las partes no suelen mostrar apuro. Y es entendible: se trata de una causa compleja, en la que nada está dicho.
Por eso mismo, nadie sabe cuándo terminará el debate. Más aún porque, a pedido de los letrados, las jornadas se realizan de lunes a jueves (muchos de ellos tienen también otras causas importantes que no pueden descuidar).
Además, los 69 testigos que deben pasar aún por el banquillo no son el número definitivo. Así las cosas, está claro que el juicio seguirá por varias semanas.