Se hizo seguir por todos los intendentes de la provincias. No faltó ninguno al palco de la Legislatura. El gobernador, José Alperovich, comenzó a elegir qué dirigentes van a estar a su lado, quiénes son de su confianza, y dónde van a pisar después de las elecciones. Como un rey supremo mueve los hilos hacia un lado y los corta, por el otro lado.

Ayer, el alperovichismo le hizo sentir el frío del poder al intendente, Domingo Amaya. No sólo faltó a la cita en el Concejo Deliberante, sino que ni siquiera le mandó un ministro para que escuchara su discurso entre los concejales. Amaya había organizado todo con la idea de contar con la presencia del gobernador. Eligió un horario inusual (13.30) para darle tiempo al mandatario de desocuparse de su lectura en la Cámara. Sin embargo, todo fue en vano. Apenas salió de la Legislatura, Alperovich no giró hacia el Concejo Deliberante, sino que se fue a su casa. Fue una buena excusa haber dicho que quería escuchar el mensaje de Cristina Fernández, a esa misma hora en el Congreso.

La decisión de Alperovich de poner en el freezer a Amaya se notó el viernes, en ocasión del homenaje a Néstor Kirchner. Mientras, el intendente preparó un acto en la capital, el gobernador se fue a Monteros, donde encabezó su propio mitin. Eso es hacer sentir el rigor del poder. Inclusive, económicamente también le va ajustando el cinturón a la gestión de la capital. Los fondos de la soja, que se digitan a través de la Caja Popular, no están llegando a la capital. Sólo una palabra de Alperovich bastará para abrir, otra vez, el grifo; pero el silencio parece sepulcral.

En política, la carrera de cualquier dirigente es como una lata de conservas que, al darle la vuelta, tiene una fecha de vencimiento. Por ahora, Alperovich tiene plazo hasta el 2015. Es aquí donde Amaya cree poder ser el futuro delfín bendecido por el gobernador para sucederlo en la Casa de Gobierno. Ilusioriamente basa sus aspiraciones en "la buena imagen", pero en Tucumán se ha visto pasar a muchos políticos que tenían "buena imagen", pero que con el paso del tiempo terminaron magullados y resignándose a una banca sin pena ni gloria.

¿Vuelo propio?

La semana pasada, cuando Amaya le envió una copia de su discurso al gobernador se firmó su propia desdicha. Entre las 28 carillas del texto, había una frase que no le gustó nada al gobernador. "Al iniciar esta gestión en 2003 -escribió Amaya-, la deuda sumaba tres presupuestos y medio anuales. Hoy no llega a un presupuesto y a este ritmo, en 2015, se habrá pagado toda la deuda municipal".

Traducido al lenguaje político eso significa que Amaya asume la idea de independizarse de la Casa de Gobierno y empezar a tener un vuelo propio. Alperovich, que todo lo controla, de inmediato, lo congeló faltando ayer a la cita.

Mientras tanto, en las filas del amayismo, la tropa se pregunta hacia dónde deben mirar. Por ese camino, Amaya comienza a firmar su sentencia al ostracismo después de 2015. Sin estructura política de poder está condenado a lo sumo a una banca.

En cambio, Alperovich sabe lo que quiere y avanza en esa línea sin mirar a los costados. Es capaz de usar cualquier herramienta a su alcance para lograr su objetivo: seguir siendo el rey.

En su discurso, habló de las metas a 2020. Se sabe ganador de un tercer mandato, pero buscará la reelección indefinida. Por eso elige a los dirigentes, pide lealtad y exige sumisión. Es la única manera de que nadie intente ponerlo en jaque.