BUENOS AIRES.- De lo que es difícil de explicar casi no se habló en el Congreso. Como si la inflación, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el narcotráfico o la delincuencia juvenil no existiesen y fueran temas ajenos al Gobierno nacional, la Presidenta de la Nación encaró su discurso ante la Asamblea Legislativa por el lado de aquellos éxitos que se han consolidado en el pasado, como necesaria base para el futuro.

Según Cristina Fernández, un proyecto político como el actual, que ha construido únicamente certezas, es digno de ser continuado y por eso queremos quedarnos nosotros, para darle la oportunidad a los jóvenes de tener un país diferente, afirmó a lo largo de su extenso razonamiento.

El muy interesante y casi socrático hilo discursivo que expuso la primera mandataria, incluyó en el arranque la mención casi de homenaje al modelo que ese hombre (el fallecido ex presidente Néstor Kirchner) puso en marcha y que hoy rinde sus frutos.

Después de haber hecho luego un periplo que incluyó la esperada enumeración de éxitos, típica de este tipo de discursos, que se transformaron en lo que ella llamó certezas, la jefa de Estado llegó a la conclusión que, consolidado el piso, ahora habrá que ir por más, en una movida que debería involucrar a actores sustancialmente diferentes de la política argentina.

Sentido del marketing

La trampa, que la Presidenta de la Nación sorteó con convicción, casi con orgullo, estuvo en que la mayor parte de los logros que presentó con un extraordinario sentido del marketing y que le salieron en ristra, fueron enumeraciones sin demasiada precisión o una tortura impiadosa a las estadísticas, como cuando ignoró -en las menciones a aumentos nominales varios- los efectos de la suba de precios al consumidor. En general, quienes aplauden no desean escuchar otra cosa y se especula con que el gran público le presta poca atención a esos detalles.

Pero lo políticamente más redondo de su exposición fue que, allí donde Cristina Fernández quiso, fue ella misma la que le puso incertidumbre al futuro, de algún modo reeditando aquel acertijo del pingüino o pingüina que hizo célebre su marido. Así, la picardía presidencial se dio en dos planos, para no decir y decir al mismo tiempo y mantener la incógnita sobre su eventual reelección y sobre la apoyatura hasta ahora excluyente del Partido Justicialista (PJ) y su rama sindical.

¿Alguno me ha escuchado decir que voy a ir a la reelección en 2011?, se envalentonó Cristina para seguir sumándole misterio a la cosa. Es que la diputada nacional ultrakirchnerista Diana Conti había pedido su reelección eterna y la Presidenta primero dijo que se trataba de una campaña distractiva, usando las palabras de una compañera, para embarcar a la prensa en lo que para nada fue una gaffe de la legisladora. Lo que hizo la parlamentaria nacional fue echar a rodar la primera piedrita por la ladera.

Sin embargo, como la cinta de grabación no se puede borrar, tuvo que conceder que hablar de eternidad parece un chiste de humor negro, pensando claramente en su desgracia personal.

Si no me aprobaron el Presupuesto, ¿alguien me puede explicar cómo voy a lograr una reforma constitucional?, se preguntó la jefa de Estado, para ponerle una cuota más de suspenso a la cuestión, ya que declarar la necesidad de un cambio de la norma necesita dos tercios de ambas cámaras.

Por último, los palos hacia el gremialismo y las alabanzas hacia la juventud podría significar que estarían comenzando a cambiar algunas columnas vertebrales clásicas dentro del kirchnerismo. Ciertos cantos de sirena que Cristina está escuchando le dicen que no necesita del PJ tradicional para ganar, ni tampoco de las corporaciones, como la sindical.

Pero como la Presidenta conoce de memoria dónde están los votos en el peronismo, seguramente no va a romper antes de una elección, pero el juego del palo y de la zanahoria parece darle bastante rédito hasta el momento y ésta es otra de sus certezas preferidas, ya que así se los está aplicando tanto al secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moyano, cuanto al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli.