Novela
DOS HERMANOS
SERGIO DUBCOVSKY
(Mondadori - Buenos Aires)

Daniel Burman es socio de Diego Dubcovsky (hermano mellizo del autor) en una activa y exitosa productora de cine independiente, y fue el encargado de llevar a la pantalla una adaptación de este relato; eligió a Graciela Borges y a Antonio Gasalla para encarnar a los hermanos de los que habla el título, y así marcó mentalmente a todos los que lean el libro. Entonces, resulta prácticamente imposible imaginarse a estos dos seres, descriptos minuciosamente por el autor, con otros rostros y en otros cuerpos que los de los dos intérpretes argentinos.
Después de la muerte de una madre invasiva y dominante, que marcó a fuego la vida de sus hijos, Marcos se ha establecido en la imaginaria Villa Laura (tal era el nombre del relato original), en la costa uruguaya. Susana va y viene desde Buenos Aires, y en cada una de esas visitas destroza la relativa tranquilidad que a duras penas está reconquistando su hermano en el pacífico balneario oriental. La narración se hilvana sobre algunos de esos encuentros (y de otros que se producen en Buenos Aires) y, a través de cada uno de los episodios, Dubcovsky va construyendo el perfil de los dos personajes principales y de algunos otros que, con presencia menor, tienen incidencia decisiva en la trama. Marcos es tranquilo, discreto, aficionado al teatro y amante del ajedrez y, después de toda una vida de penurias bajo la influencia materna, ansía una existencia con bajo perfil. Susana es su contracara: estridente, demasiado segura de sí misma, con expectativas sobre su futuro que se estrellan contra la realidad, trata de no pasar desapercibida cualquiera sea el escenario en el que se mueve, por lo que siempre está al borde del papelón. Los detalles que pintan la relación entre los dos hermanos constituyen sin dudas el mayor hallazgo del autor: complejo, conflictivo y fatalmente imprescindible para ambos, el vínculo que simultáneamente los une y los aparta está presente en cada una de las páginas del libro. La narración no es muy extensa, y se deja leer de corrido; no hay una anécdota concreta ni una trama con elementos de intriga que mantengan en vilo al lector; sin embargo, el relato fluye con naturalidad y mantiene la tensión hasta que se produce el desenlace.
El autor no disimula el parentesco de su obra con el cine: resulta bastante evidente que Dos hermanos es casi un guión cinematográfico. Pero a pesar de esta clara orientación, hay una búsqueda formal que en no pocas oportunidades se concreta en atrayentes imágenes; la narración tiene peso propio, más allá de que haya significado la génesis de una exitosa película nacional. Es por eso que, una vez leído el relato de Dubcovsky, quienes vayamos al cine convocados por el filme, tendremos que abrir nuestras mentes y abandonar la película que inevitablemente habremos armado en nuestras cabezas para aceptar y analizar sin prejuicios la que ha imaginado el director Daniel Burman.

© LA GACETA

Juan Carlos Di Lullo