Gestionado por la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, una consultora platense tiene en elaboración el "Plan maestro para la recuperación y desarrollo de la costanera del río Salí". Como lo hemos informado, se trata de urbanizar 14 kilómetros de costa del referido río, entre el Canal Norte y el Canal Sur.

El proyecto está dividido en cuatro etapas y la Municipalidad capitalina se declaró dispuesta a encarar la primera, que abarca los cuatro kilómetros tendidos entre el puente Lucas Córdoba y San Cayetano. Según lo declaró a nuestro diario, el jefe de la Comuna piensa que construyendo ese tramo inicial, podrá obtener los fondos necesarios para acometer el resto del plan.

La iniciativa posee indiscutible trascendencia para el denominado Gran Tucumán. Nuestra organización urbana, desde siempre, ha prestado muy poca atención al río, y si alguna vez lo enfocó, no lo hizo con acierto. El curso de agua troncal de la provincia, a comienzos del siglo XIX llegaba hasta la actual avenida Sáenz Peña-Avellaneda, y luego se retiró hasta lo que es su lecho actual. Respecto del Salí, la única preocupación que se manifestó fue contar con un puente para sortearlo, sin pensar simultáneamente en la situación de toda el área ribereña.

En otras ciudades, como Rosario o Córdoba, progresistas intendencias municipales intervinieron enérgicamente en realidades similares.

De ese modo, las costas de sus ríos respectivos superaron la condición de barrancones descuidados y contaminados, gracias a la construcción de modernas avenidas costaneras a su vera, tarea elogiada por los urbanistas y recomendadas en cuanto a que las ciudades dejaron de estar de espaldas al río.

El efecto causado por ellas fue instantáneo, y se expresó en el mejoramiento integral de zonas hasta entonces arrumbadas y al margen de todo progreso.

La posibilidad de que Tucumán encare algo semejante debe apoyarse con entusiasmo. Es hora de que los varios kilómetros que rodean al Salí sean destinatarios de una obra pública eficaz para cambiar de raíz su aspecto actual.

Obvio es apuntar que un trabajo de esa índole no solamente revertirá en beneficio de la ciudad capital, sino también y poderosamente en el de la Banda del Río Salí y su zona de influencia. Bien dice el intendente que es necesario volver "a conquistar el área del río", para "integrarla a la vida de la ciudad: convertirla en un ámbito de esparcimiento, de convergencia social y de integración con otros municipios".

Sin duda es igualmente acertado el criterio de acometer la primera etapa. Su concreción significará un fuerte argumento, a la hora de requerir los fondos necesarios y el apoyo para costear los siguientes.

El intendente ha destacado también lo importante que resultará el hecho de que, detrás de la obra programada, se alineen la población, como beneficiaria, y sus fuerzas vivas.

En ese sentido, fue conveniente la reunión efectuada hace poco, en la que los responsables del proyecto lo expusieron ante un centenar y medio de personas, para escuchar las opiniones en pro y en contra. Tal intercambio redundará a favor de muchos detalles del plan, a la vez que ha de movilizar el saludable y muy necesario compromiso de la comunidad.

El Estado debe apoyar esta iniciativa de recuperar positivamente el área costanera del Salí. Poner fin a un cuadro de indiferencia mantenida desde tiempo inmemorial, constituirá un franco aporte para que San Miguel de Tucumán y sus alrededores ingresen en el deseable estadio de urbe moderna. Ello justificará toda inversión con ese destino.