CHRISTCHURCH.- A la desesperación y el caos de las primeras horas le siguieron el dolor y la impotencia. Así cambió el panorama en Christchurch, la segunda ciudad más importante de Nueva Zelanda, tras el sismo de 6,3 en la escala de Richter que la remeció este martes y que se sintió en todo el país. El temblor, a sólo cuatro kilómetros de profundidad ocurrió al mediodía, cuando oficinas, restaurantes y centros educativos se encontraban repletos de gente. Edificios enteros quedaron derribados y ciudadanos, atrapados entre los escombros.

Las autoridades confirmaron que la cifra de muertos llegó a 71, pero el primer ministro John Key dijo que el número puede aumentar. "Somos conscientes de que hay otros cadáveres dispersos o atrapados en edificios, pero no tenemos un número preciso", coincidió el ministro de Defensa Civil, John Carter. Además, agregó que hay alrededor de 2.500 heridos, 164 de ellos de gravedad.

La policía señaló que aún tiene esperanzas de hallar más sobrevivientes en las ruinas. Sin embargo, las búsquedas en algunos edificios fueron suspendidas por riesgo de colapso. Se debe a que la urbe fue sacudida por más de 100 réplicas desde el sismo inicial, derribando más construcciones.

En las últimas horas se declaró un estado de emergencia nacional y el centro de la ciudad ha estado bajo toque de queda con soldados patrullando en vehículos blindados. Miles de personas pasaron la segunda noche tras el movimiento en refugios de emergencia.

Key habló de "muerte y destrucción en una magnitud terrible". Mientras que peritos privados calculan que los daños ascenderían a 12.000 millones de dólares.

Otra de las consecuencias que habría causado el sismo es un desprendimiento del glaciar Tasman, ubicado a unos 200 kilómetros de la ciudad. La agencia Prensa Latina precisó que el fragmento tiene al menos 1,2 kilómetros de largo y 330 metros de altura y generó un intenso oleaje al caer sobre el lago del parque nacional Aoraki Mount Cook. (Reuters-DPA)