No hubo manera de detenerlo. El joven llegó a la estación de servicios ubicada en la ruta 38 y la rotonda de acceso a Famaillá, y comenzó a destrozar el local.

Roberto Lobo, propietario del negocio, contó a LA GACETA que el ataque ocurrió el lunes a la madrugada. "Alrededor de las 4.10, ingresó una persona que venía caminando. Llegó hasta la puerta del baño, levantó un matafuegos que había allí, y lo arrojó contra el vidrio de la puerta de acceso. Después volvió a tomar el matafuegos y lo arrojó hacia arriba, para que reventase cuando cayera", explicó Lobo.

El comerciante continuó detallando los destrozos que este hombre, fuera de sí, produjo en el local. Luego del matafuegos, agarró una garrafa y destruyó los vidrios del frente de la estación de servicios y de otro negocio que funciona en el lugar.

"Después siguió con las oficinas. Destrozó las ventanas y las puertas de acceso a lo que llamamos el nochero (donde permanecen los empleados), y con una botella cortada amenazaba a los playeros que intentaban detenerlo", contó Lobo.

Desesperados, los playeros José Ferro y Gustavo Sosa llamaron por teléfono a la comisaría de Famaillá, pero el tono siempre daba ocupado. "Uno de ellos tuvo que ir corriendo hasta la comisaría. Mientras tanto, este hombre continuaba con los destrozos: rompió un cartel de imagen de la empresa proveedora de nafta, sacó cuatro matafuegos más y los reventó contra el suelo. Era imposible controlarlo", dijo el propietario.

El personal policial pudo, finalmente, reducir al vándalo. Sin embargo, a pesar de que estuvo preso en la comisaría, Lobo dijo que en la comisaría le explicaron que, cómo no hubo robo, tenía que ser detenido por una contravención. Ayer, recuperó la libertad. "Me dicen que no recuerda lo que hizo. ¿Y si vuelve?", preguntó alarmado Lobo.