El Gobierno nacional ha decidido instrumentar una batería de medidas con el fin de trabar la importación de algunos productos, particularmente los que llegan desde países asiáticos. Según fundamentó la ministra de Industria, Débora Giorgi, este freno a la compra de artículos foráneos tiende a la protección de la industria nacional, generadora de fuente de trabajo permanente.

Desde distintos sectores empresarios han surgido voces de apoyo a la decisión, pero también de alerta por los efectos que estas trabas pueden tener, particularmente, con socios estratégicos comerciales de la Argentina: China y Brasil.

La suspensión del ingreso de automóviles de alta gama y de otros 600 productos sujetos a la aplicación de licencias no automáticas de importación han caído bajo el cerrojo oficial. Se estima que la medida puede llegar a significar una baja de hasta 1.000 millones de dólares en el balance de importaciones argentinas de este año.

En esta circunstancia, además de los autos, habrá restricciones para el ingreso de motos, celulares, equipos de acondicionadores de aire y bicicletas, por mencionar algunas de las mercancías con mayor demanda entre los consumidores argentinos, por su precio de fácil acceso para los asalariados. Lo más inquietante de la medida se observó dentro del sector agrícola.

Tal como lo dijeron los productores tucumanos, hay riesgos de que se produzca un fuerte retroceso en la actividad a raíz de las trabas para el ingreso de autopartes, sobre todo de las maquinarias pesadas. Paralelamente, existen riesgos de faltante de insumos .

Los tucumanos percibirán, en breve, los efectos de esta decisión nacional. Las casas que venden repuestos para autos han anunciado un incremento de hasta un 10% en el precio de las autopartes que, en gran medida, llegan al país desde el exterior. Además de ellos, dicen los referentes de la actividad, pueden llegar a escasear.

Otro efecto que producirán las trabas a las importaciones, de mantenerse en el tiempo, es una suerte de atraso tecnológico. El mal menor que prevén los importadores de tecnología es la demora en la llegada de los productos, tales como netbooks o notebooks.

Las trabas a las importaciones se han convertido como un juego de frazada corta, en el que el Gobierno intenta cubrir a su principal socio comercial, Brasil, con acuerdos particulares, pero a la vez descubre los inconvenientes con otros miembros del Mercosur, tales como Uruguay, que ya reaccionó contra la medida de la gestión de la presidenta Cristina Fernández.

El presidente uruguayo José Mujica advirtió que América Latina balconea el surgimiento de China e India "encerrada en nacionalismos impotentes" en una clara referencia al caso argentino. La crítica del mandatario uruguayo se hizo en horas previas a una reunión con Cristina Fernández, en Buenos Aires.

El principal riesgo de corto plazo de la medida se vincula a las represalias de nuestros socios comerciales. Ya ocurrió con China en 2009-2010, cuando suspendió unilateralmente las importaciones de aceite de soja, y ahora con la inminente eliminación de las preferencias arancelarias para exportaciones argentinas hacia los Estados Unidos, advirtió un informe del Centro de Estudios Económicos del Banco Ciudad de Buenos Aires.

Las trabas a las importaciones de producto son en esencia escudos para la industria nacional. Sin embargo, el Estado debería volver a analizar los efectos secundarios de una medida que, entre otras situaciones, podría aislar más a la Argentina en el contexto internacional y, a la vez, generar un retraso tecnológico que restaría competitividad a la economía nacional.