Las fuerzas lanzadas a quedarse con la conducción de la UIA incluyen intereses en lo más alto del poder político y por primera vez en años exponen en primer plano a grandes grupos fabriles, como Techint y Arcor.

Semejante cóctel abre un interrogante sobre si se podrá mantener la unidad en la cámara más politizada de la Argentina.

Importantes sectores de la UIA, pero sobre todo la Casa Rosada, buscan evitar que la entidad se transforme en una nueva AEA, otra cámara de peso enfrentada con el Gobierno, mientras grandes compañías buscan tomar el control total para impulsar correcciones al modelo que, consideran, hacen falta.

En la Rosada se busca terciar en la disputa y lograr que la UIA sea una institución que acompañe las políticas oficiales si, como esperan, Cristina Fernández es reelecta presidenta el 23 de octubre próximo. Con 124 años de historia, y cultora del lema Sin industria no hay Nación acuñado por el ex presidente Carlos Pellegrini, la UIA sufre un momento político tenso, ya que debe elegir presidente seis meses antes de que se vote al sucesor de Cristina y en momentos en el Gobierno y el sector privado mantienen focos de tensión. El pacto de alternancia, que permitió la convivencia entre grupos más estatistas y otros más liberales en el seno de la entidad, afronta una prueba de fuego que, de no resolverse en forma adecuada, puede terminar quebrando la unidad en la entidad.

Primero hubo intentos de prolongar el mandato de Méndez hasta que se definieran las candidaturas presidenciales. Luego se intentó definir al candidato de Industriales en diciembre para aclarar el panorama sobre el sucesor de Méndez, pero el intento de José Ignacio de Mendiguren no prosperó. Cuando en el otro sector, Celeste y Blanca, percibieron esa indefinición, comenzó a madurar la idea de un llamado a elecciones, algo que no ocurre en la entidad desde hace una década. Funcional a esa pretensión fue Javier Madanes Quintanilla, heredero del emporio Aluar y considerado outsider del gremialismo industrial, útil para decir lo que otros primero callaban: que desde Celeste y Blanca no estaban de acuerdo en continuar con el pacto de alternancia. La posición quedó clara cuando la posición de Madanes fue en el acto avalada por uno de los vicepresidentes de la UIA, su amigo y titular de FIAT, Cristiano Ratazzi, que integra Celeste y Blanca.

La otra idea que tensa la central fabril es la de imponer al frente de la entidad a un dueño de una compañía grande. Si eso pasara, el riesgo de fractura en la centenaria institución estaría más cerca, porque es improbable que las cámaras que engloban a pequeñas y medianas empresas acepten esa alternativa, y entonces el cisma en la UIA quedaría a la vuelta de la esquina.