CUANDO LA CRISIS GOLPEÓ
Lucía de Olarte (43 años) vive junto
a su familia en el barrio Casas Viejas,
en las afueras de Trancas. En su casa
aún hay algunos vestigios del tambo
que tenían (en la zona está la cuenca
lechera de la provincia). Ahora, se
dedican a plantar tomates y
pimientos: “la crisis de 2001 y los
años que siguieron fueron duros para
los pequeños tamberos; nosotros nos
volcamos a las hortalizas, como
muchos vecinos”
A CUIDAR EL BOYERO
Todos los tranqueños recomiendan
visitarlo. El balneario El Boyero, a
dos kilómetros de la ciudad, es uno de
los sitios de reunión de los
tranqueños. Los visitantes destacan
que no se cobra estadía ni hay límite
de tiempo para acampar. Sin
embargo, los lugareños piden que los
asistentes cuiden las instalaciones y la
limpieza. “Este año logramos mayor
control sobre los jóvenes por el
alcohol y los ruidos molestos. Los
domingos se llena de gente y se
saturan los baños”, cuenta el bañero
René Gramajo (55). Viviana
Capparelli (35) y María Pereyra (33),
que vacacionan desde hace 10 años
allí, elogiaron la tranquilidad. El
camionero Bartolome Gil (60) está
desde hace un mes en el camping y
afirma que es “el lugar ideal”, aunque
pide más iluminación.
IGLESIA QUE ES MONUMENTO
La antigua iglesia San Joaquín de la
Villa Vieja es monumento nacional
desde 1957 y guarda cientos de
historias. Contra una de sus paredes
fue fusilado el primer gobernador de
Tucumán, Bernabé Aráoz y en ese
sitio descansan sus restos. Además,
allí fue bautizada la escultora Lola
Mora. Sin embargo, para recorrer el
templo hay que buscar a la cuidadora
para que abra las puertas.
TIERRA DE ARTISTAS
Otra de las atracciones en la ciudad
es la casa del artista plástico Luis
Lobo de la Vega (1909-2004), quien
era tranqueño de nacimiento.