El manantial de agua en Pozo del Pescado, a 3 kilómetros del centro de Trancas, nunca se secó, al igual que la fe de la familia Valdéz. De lejos se ve al grupo feliz: chapotea, reza y, sobre todo, agradece. Abuelos, padres, tíos y niños están arrodillados a orillas de la vertiente que, según la leyenda, brotó de la nada cuando San Francisco Solano hundió su bastón en la tierra, hace más de 400 años.
Los fieles afirman que el agua es bendita e inclusive hay quienes arriesgan que tendría propiedades curativas. Precisamente, los Valdéz son tranqueños muy devotos. Llegaron hasta el predio para darle gracias al fraile franciscano por la vida de la pequeña Luján, de 7 años. "Era una nena sana y de pronto, la teníamos internada en terapia intensiva con respirador por una inflamación en el cerebro", recuerda acongojada María Guerrero (28), madre de la nena que estuvo internada entre el pasado 30 de diciembre y este 21 de enero.
"No nos haga llorar de nuevo por favor", pide uno de los miembros de la familia. Sucede que, al llegar, se emocionaron y derramaron varias lágrimas. "Cuando vi que estaba mal vine a hacer una promesa... y de pronto se puso bien, más allá del esfuerzo de los médicos", cuenta entre lágrimas el abuelo Francisco Solano Valdéz (59), llamado precisamente así en honor al santo. "Nos tocó vivir algo muy fuerte y ahora lloramos de alegría", agrega mientras señala un cuadrito con las trenzas de la niña que dejaron colgado en una de las paredes del santuario.
"Cuando estábamos en el sanatorio hicimos otra promesa", advierte Sebastián (28), papá de Luján. "El domingo (por ayer) nos casaremos por Iglesia", reveló y despertó la algarabía de la familia, que celebró la decisión.
Luján sonríe y dos pocitos se dibujan en sus mejillas; su madre le moja la cabeza con agua del pozo y la abraza mientras todos rezan.
El desfile de fieles es incesante por el santuario. Entre ellos, una pareja llega con su hija. La madre sienta a la niña en el borde de la fuente y le indica que sumerja los pies. "Mi hija Pilar (3) nació con displasia de cadera y el médico que la atiende es tucumano. Un día nos habló del milagro de San Francisco Solano y por eso la trajimos", contó la mujer que llegó desde Catamarca. "Tenemos mucha fe y por eso vinimos. Estaría bueno que hubiese más señalización e información en el camino. Inclusive, algún baño", propone Horacio Corzo (39), padre de Pilar.
Los fieles que hablaron con LA GACETA expresaron que para llegar al sitio tuvieron que preguntar a varias personas porque no hay información ni carteles indicativos en Trancas. De hecho, en el ingreso al lugar -que está pasando la Villa Vieja, por la ex ruta 9- sólo hay un cartel que dice "Pozo del Pescado", sin hacer referencia al santo. Por otro lado, el camino que une la ciudad con el predio no está en buen estado y hay que circular con precaución.
"Nosotros venimos a buscar agua bendita para llevar a los vecinos de Villa Vieja, sobre todo a los enfermos, que siempre nos esperan. Pero la ruta no está muy buena; dijeron que la pavimentarían el año pasado, pero nada", enfatiza Jenifer Iturre (20), una catequista que visita el lugar junto a un grupo de la iglesia. David Pachao (34), en tanto, pide a los visitantes que cuiden más la higiene del lugar: "muchas veces dejan todo tirado, hay que respetar".
El predio en el que se encuentra el pozo es privado pero se puede acceder libremente. Al lado de la vertiente se erigió, en 1760, una pequeña capilla. En la entrada, hay una campana y, según la tradición, quienes van por primera vez deben hacerla sonar tres veces para que el santo interceda en tres pedidos. Este es el único lugar de Tucumán con la impronta de un santo.