El tucumano Julio Palacios tiene 35 años de trayectoria artística y es aerofonista (intérprete de instrumentos de viento). Esta es la quinta vez que llevará sus "cañas mágicas" al festival de Cosquín y, a pesar de su experiencia, dice que es un escenario en el que hay que estar siempre atento. Representará a la provincia el viernes en horario televisivo.

Sobre el escenario lo acompañarán siete músicos y 13 parejas del grupo de baile Sol Naciente. "Se escucharán ritmos típicos del norte argentino y la puesta en escena tiene mucho colorido y música alegre para generar un clima de fiesta", adelanta.

El repertorio

Primero interpretará el tema "Juana Azurduy". Palacios eligió arrancar con ese tema a modo de homenaje al sentir latinoamericano, a unas cuantas semanas de finalizado 2010, el año del bicentenario. Después entrará el cuerpo de baile y sonará una selección de carnavalitos, candombes y polkas. "Si piden bis, veremos en el momento", agrega.

"Es una gran responsabilidad estar en Cosquín. Pulimos mucho el repertorio para brindar un espectáculo serio", asegura.

El artista también reflexiona sobre el folclore tucumano: "en Tucumán hay mucha gente talentosa en todas las expresiones artísticas. También hay un gran caudal de chicos jóvenes que tienen muchas cualidades. Está en nosotros seguir trabajando, seguir ensayando. Otras provincias como Salta o Santiago del Estero han tenido más suerte en instalar sus ritmos y sus artistas", opina. El músico remarca que viajará a Córdoba en representación de todos los tucumanos pero también destaca el apoyo de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán.

Así, llevará artesanías en cuero y un suplicante en piedra que el intendente Domingo Amaya le envía como regalo a su par de Cosquín, Marcelo Villanueva.

Aunque ha recorrido numerosos festivales, Palacios afirma que el de Cosquín ha ido mejorando permanentemente¿ y que sigue siendo el más importante del país. Según dice, eso se nota en detalles que para muchos pueden ser menores, pero que son muy importantes. Por ejemplo, cuenta que sobre el escenario hay una especie de "plato giratorio" en el piso que permite que los artistas vayan preparando sus instrumentos y probando el sonido detrás del telón, mientras se desarrolla otra presentación. "Cuando termina el otro, ese plato gira y quedás frente al público sin perder tiempo", explica. Añade que Cosquín es la vidriera más importante para un artista: "es fundamental que los músicos jóvenes puedan llegar y mostrarse allí".

Su pasión

Palacios se recibió de agrimensor en 1977, pero nunca ejerció esa profesión. En cambio, decidió dedicarse a la música, que es lo que lo apasiona. "Es una satisfacción estar en el escenario de Cosquín porque me demuestra que no me equivoqué con el camino que elegí. Dedicarse a la música es algo incierto, pero es lo que me gusta", afirma.