La humanidad está en condiciones de parar el calentamiento global. Sobre ese optimista eje gira Nuestra elección. Un plan para resolver la crisis climática, ensayo donde el ex político estadounidense Al Gore capitaliza su conversión en puente entre la ciencia dedicada al estudio de la degradación medioambiental y el hombre común.
Aunque bien ilustrado con imágenes sugerentes y con pedagógicas infografías, el libro se cuida de reducir los tecnicimos a una redacción rudimentaria que atente contra el sentido del trabajo: presentar la complejidad del primer reto planetario, como define a la tarea pendiente el demócrata que no pudo ganarle a George Bush en 2000. Esa preocupación por la precisión obliga al lector sin conocimientos de física, química ni biología a armarse de paciencia (y de un diccionario o, en su defecto, una ventana abierta en Google) para transitar con decencia intelectual pasajes áridos como los dedicados a detallar el funcionamiento de las energías geotérmica y nuclear, y los mecanismos de captura de dióxido de carbono (CO2).
El empeño por seguir la retórica dura de Gore es compensado con un panorama actualizado de las propuestas tecnológicas susceptibles de reparar el desaguisado ambiental. Un conocimiento disperso en la realidad que Nuestra elección se esmera en ordenar, describir y evaluar como el buen manual de opciones limpias que es o pretende ser. Si el contenido técnico despliega datos valiosos para la comprensión del estado de la cuestión, los análisis sociológicos, políticos y económicos en última instancia explican los condicionamientos de las decisiones que las naciones (en su utópico conjunto) deben adoptar.
"Por su tamaño mundial, esta crisis se parece a una abstracción", teoriza Gore. Esa intangibilidad es la que, según su opinión, explica el mantenimiento de los niveles absurdos de consumo, el triunfo de las emociones -que "vende" la publicidad- sobre los argumentos racionales en la toma de decisiones. "Las soluciones al calentamiento global son difíciles de poner en práctica porque cada factor desencadenante del problema está estrechamente vinculado con patrones comerciales y culturales edificados durante largos períodos de tiempo", explica el activista que en 2006 sacudió al mundo con el apocalíptico documental Una verdad incómoda.

Esencial e invisible
La reacción sería más rápida y efectiva -y no se permitiría fracasos como el de la decepcionante Cumbre del Clima de Copenhague en 2009- si el dióxido de carbono no fuese invisible tanto para la vista humana como para los mercados. El ex vicepresidente de Bill Clinton deplora que la destrucción de la biodiversidad y la deforestación carezcan de costo económico: la gratuidad aparente de dichos efectos colaterales de actividades productivas desvirtúa los precios de los bienes creados a costa de comprometer la salud del ambiente.
La reducción drástica de las emisiones de CO2 depende de una economía global sensible al impacto del hombre sobre el medioambiente. Gore postula que, configurado con las coordenadas apropiadas, el mercado puede sanear el sistema natural que otrora corrompió. Para sorpresa de escépticos y descreídos, una versión de dicha tesis ha sido acogida en el acuerdo internacional delineado el año pasado en Cancún -con la disidencia de Bolivia-, punto de partida para la elaboración del instrumento que reemplazará al bienintencionado Protocolo de Kioto, que vence en 2012.
Por mucho que hayan progresado las tecnologías amigables con el medioambiente (el ensayo de marras da acabada cuenta de ello), la estrategia de contención del calentamiento global parece más ligada a la posibilidad de aplicar subsidios a las actividades limpias e impuestos a las contaminantes en una plataforma de coordinación multilateral.
El autor aboga por un cambio de paradigma que cada vez cuesta más dinero, de acuerdo con el estudio del economista británico sir Nicholas Stern, que ha demostrado que, a mediano plazo, el alto precio de limpiar el ambiente es mínimo comparado con el costo económico devastador de permitir que el daño se profundice. 
Gore se cuida bien de intimar a la transformación con un consejo pragmático que puede resumirse de este modo: "elija hoy pagar barato lo que mañana será muy caro". La humanidad puede evitar el desastre ambiental... siempre y cuando se apure.
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