Un hilo de esperanza se extiende en La Costanera, donde la droga hizo estragos los últimos años. En la Fundación Arboleda, un grupo de adolescentes halló en el deporte y en el arte un motivo para alejarse de las sustancias dañinas, esas que revientan y enloquecen la cabeza de los jóvenes. "Hoy sé que soy un adicto recuperado. Cuando me drogaba con pasta base o marihuana era una persona violenta", confiesa Sebastián Soberón, uno de los chicos que encontró una puerta de acceso a otra vida en la fundación. De todas manera, mucho resta por hacer para que el "paco" deje de matar el futuro.