"¿Por qué no investigan dónde se compró la cinta de embalaje con la que lo asfixiaron?", dijo un hombre por teléfono. "Este asesinato era un mensaje para alguien", dijo un comentarista de LA GACETA online. Y aunque muchos tucumanos trataron de ponerse en el lugar de los detectives, lo cierto es que a un mes del crimen de Jorge Matteucci, la Policía no tienen ni una pista firme que les permita avanzar por alguna línea de investigación.
Una fuente tribunalicia comentó que la marcha del caso está, exclusivamente, en manos de la División Homicidios y Delitos Complejos de la Policía, a cargo del comisario Miguel Gómez. Los investigadores entrevistaron a parientes, amigos y allegados del comerciante. Indagaron sobre la vida pública y privada de la víctima. Escarbaron en los negocios que Matteucci desarrollaba. Pero a pesar de los esfuerzos, no encontraron ningún detalle que les permita determinar un posible móvil del crimen.
La ex esposa de Matteucci, Liliana Moreno, relató que el comerciante había salido de su casa el 18 de diciembre. Se dirigía al domicilio de un colaborador a cambiarle un cheque de $3.000 y luego asistiría a reuniones con amigos. No llegó a ninguno de esos lugares.
Tres días después, su cuerpo fue encontrado a la vera de un camino de tierra en La Aguadita. Estaba atado de pies y manos y su cabeza envuelta con una cinta de embalaje transparente y cubierta con una bolsa plástica negra. No tenía ni los $ 3.000 ni ninguna de sus pertenencias, salvo una cadena de oro con una medalla de la Virgen, que extrañamente estaba dentro de su boca.
Las pericias determinaron que el comerciante había fallecido por asfixia instantes después de su desaparición. Hasta ahora, los investigadores no pudieron precisar dónde lo secuestraron. De lo que si están casi seguros, es que hubo algún problema económico en el medio, ya que el asesinato tiene todas las características de un crimen mafioso.
Los negocios
Matteucci operaba en el mercado financiero paralelo. No tenía bienes a su nombre (todo estaba registrado como propiedad de su ex mujer, de quien se había divorciado hace unos 10 años, pero con quien aún mantenía una relación) y, en apariencia, administraba una imprenta en barrio Sur.
El único dato que llamó la atención de los investigadores fue una megacausa judicial por estafa al fisco, en la que Matteucci estaba procesado como presunto "prestanombre" de una asociación ilícita dedicada a la obtención ilegal de créditos fiscales.
Sin embargo, hasta ahora la Policía no encontró ningún nexo entre los principales acusados de esa megacausa (Eduardo y Guillermo Molinari, que residen en Rosario) y el crimen de Matteucci. De hecho, el abogado de la víctima, Ricardo Fanlo, contó que su defendido no iba a realizar ninguna declaración que pudiera comprometer a los Molinari. "El sólo reconoció que realizó transacciones con ellos, pero que las mismas fueron reales y legales", afirmó Fanlo.
Mientras tanto, el hermetismo de los familiares y allegados al comerciante tiende un manto que impide avanzar en la pesquisa. "Alguien tiene que tener el dato que nos permita afianzar alguna hipótesis. Es fundamental que quienes lo conocían hablen", expresó una fuente de la investigación.
La última pericia que llevarían adelante los investigadores está relacionada con la detención de los miembros de una banda liderada por un policía. Los delincuentes eran buscados por distintos asaltos y fueron detenidos la semana pasada. Entre los elementos que secuestraron en los allanamientos, encontraron un paquete de cintas de embalajes. Aunque nada hace suponer que este relacionado con el crimen del comerciante, el dato no pasó desapercibido para los detectives.