El cristinismo es la fase superior del justicialismo. Esta definición se suele repetir cada vez con más énfasis en los pasillos del poder y disgusta a los ortodoxos del peronismo. De hecho, la concentración de designaciones en funcionarios de la máxima confianza presidencial que conforman un círculo estrecho, dan lugar a especulaciones de ese tipo.

Al mismo tiempo, se insinúan algunos tímidos gestos de reconstrucción de lo que fue la transversalidad multipartidaria de Néstor Kirchner. La incorporación de José Vitar (Frente Grande) al equipo del ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Timmerman, refleja ese propósito. Su antecesor en el puesto, Eduardo Sigal, que es del Frente Grande, sigue ligado al proyecto del Gobierno.

Extinguido el sistema de los dos comandos con la muerte de Néstor Kirchner, Cristina Fernández ejerce la jefatura del Estado, conduce de hecho el partido Justicialista y es candidata a la reelección presidencial. Corre con ventaja porque divulga los logros de su gestión mediante discursos propalados por el sistema estatal de comunicación, a la vez que fustiga a sus potenciales adversarios en las urnas. Obtiene réditos en ese sentido, pese a que aún no pasó por el filtro de las primarias abiertas.

Al mismo tiempo, no han cesado las maniobras de hostigamiento contra medios críticos al Gobierno, como La Nación y Clarín. El Ministerio de Seguridad no acató ayer un fallo judicial que ordenaba garantizar la libertad de circulación en torno de las plantas impresoras de esos diarios. El Gobierno está empeñado en el control de la opinión pública y es muy reacio a admitir la pluralidad de voces. La intolerancia que se exhibe desde la cúspide del poder político nacional puede derramarse hacia las provincias con la consiguiente vulneración de la libertad de prensa.

El norte político del oficialismo es claro: la reelección de Cristina. Sin embargo, la inflación del supermercado -en la que cree el cegetista Hugo Moyano- le pone piedras en el camino. Si en 2010 el costo de vida creció hasta un 20%, el efecto de arrastre será significativo. La experiencia histórica argentina enseña que una desbocada carrera de precios y salarios termina gravitando en las decisiones de los ciudadanos. También muestra que los acuerdos en esa materia fracasaron no sólo en el tercer gobierno de Perón, sino también durante la gestión de Raúl Alfonsín.

Sin problemas
Políticamente, el oficialismo se ordenó tras Cristina Fernández, pero el calendario electoral desdoblado revela dudas y desconfianzas sobre el futuro. Argumentos de orden constitucional contribuyen a sabotear la unificación que reclama el verborrágico ministro del Interior, Florencio Randazzo.

Cada gobernador atiende su juego, mientras otean el horizonte. Octubre está lejos, pero también cerca. José Alperovich no despega los ojos de agosto.

La Legislatura le ahorra dolores de cabeza y satisface todos sus requerimientos. El último deseo cumplido fue la designación de Daniel Posse, como quinto vocal de la Corte Suprema de Justicia.

Con él, se suman tres los jueces cimeros que llevan la impronta de Alperovich (los otros son Antonio Estofán y Claudia Sbdar). Antonio Gandur y René Mario Goane les preceden y provienen de otra etapa política. Con Posse, se vuelve más borrosa la división de poderes. Declaró en más de una oportunidad su cercanía con el Gobierno, donde ocupó tres secretarías de Estado (de Gobierno, de Ciencia y Técnica, y de Derechos Humanos), a partir de 2003.

Sinceridades
Tengo muy buenos amigos en el Poder Ejecutivo empezando por el gobernador, declaró el 10 de setiembre de 2010, tras ser designado Defensor del Pueblo por la Legislatura. El defensor no tiene por qué ser enemigo del PE, agregaba entonces. Donde la causa lo necesita, allí aparece Posse. Así las cosas, por otra decisión de la Legislatura, se convirtió en el quinto juez de la Corte. Mi mensaje a los tucumanos es que van a tener una justicia independiente, adelantaba en diciembre, tras la jubilación deAlberto Brito. Sin embargo, el martes pasado anticipó una definición polémica. Si recibo alguna causa que involucre al gobernador, analizaré si corresponde excusarme, remarcó. Justamente, por su reconocida amistad con Alperovich, debería apartarse de esas causas por una cuestión ética, antes que jurídica. De lo contrario, sería sospechado de parcial por sus reiteradas declamaciones de amistad con el jefe del Ejecutivo.

La creciente judicialización de la política, que no es otra cosa que la apelación a los jueces para que resuelvan problemas que no son debidamente atendidos en la esfera política, es un dato a tener en cuenta. En ese cruce de influencias, la posición de Posse no sería cómoda.

Esas idas y vueltas conceptuales de Posse les dan la razón a quienes le habían pedido al gobernador que replicara el decreto 222 de 2003, mediante la cual Néstor Kirchner se autolimitó en su facultad de nombrar a los jueces que suplantarían a la desprestigiada Corte menemista.

Beinuz Smucler, prestigioso ex integrante del Consejo de la Magistratura, rescató esa autolimitación del Presidente para que opinara la sociedad. Pero esa primavera de 2003 duró poco, como reconoció el mismo Smucler.

El Foro Diálogos por la Democracia que había hecho esa demanda, recibió una rotunda negativa del Gobierno. Alperovich protegió a su preferido Posse de los vaivenes de una audiencia pública con referentes de la sociedad y usó del margen de discrecionalidad que le reconoce la Constitución. Una decena de instituciones se quedó con las ganas de inquirir, entre otras cosas, sobre el perfil institucional del candidato a vocal de la Corte. En conclusión, en la Corte, Alperovich juega con tres cartas ganadoras de entrada, sin contar las divergencias que eventualmente puedan engrosar esa mayoría.

Hacia afuera
Las tensiones internas del oficialismo se expulsan hacia afuera. La movilización de dirigentes que pretende constituir cientos partidos cominales, municipales y provinciales demuestra que Alperovich sí está dispuesto a pelear metro a metro en la geografía de Tucumán. Una aceitada maquinaria electoral prepara el gobernador, frente a una oposición que no termina de consolidarse. La discusión interna del radicalismo es profunda y el armado del frente electoral para competir aún exhibe contornos imprecisos.