Una de las críticas -y desveladas reuniones periodísticas- suelen hablar de por qué las buenas noticias no suelen ser noticias. Ese es uno de los desvelos y enfados de todos los gobernantes, a los que suele enojarles no encontrar en los medios el eco de sus voces sino la mirada crítica que, por lo general, no suele sonarles a sinfonía en sus oídos.
El último martes la tapa de LA GACETA resaltó con sus letras más grandes el resultado de las estadísticas que quedaron de 2010 a partir de los accidentes de tránsito. Según el informe de la asociación civil "Luchemos por la Vida" en Tucumán es una de las provincias donde menos muertes hubo provocadas por choques. El descenso fue de un 25%. Esto significa que durante 2010 fallecieron 73 tucumanos menos.
El frío de las cifras seguramente congela los sentimientos. Tal vez no permite ver la trascendencia del acontecimiento y la felicidad que significa que 73 familias puedan sentir la alegría de seguir mirando y hablando con alguien que podría no estar.
El triunfo de todos
Las estadísticas no tienen dueño. O, en todo caso, tienen muchos propietarios. Los datos tampoco salen del Indec ni de ningún otro organismo que trate de adelgazarlas para que parezcan afinadas modelos. Los guarismos fueron desarrollados e investigados por un organismo que nació del dolor. "Luchemos por la Vida" está formada argentinos que algún vez se hundieron en la desolación y en la tristeza porque perdieron partes de su vida en un accidente de tránsito.
En Tucumán lucharon por la vida todos, por eso el éxito de estos datos que consiguieron que se dejará de ocupar el séptimo lugar para pasar al décimo. No hay dudas que la presión de los ciudadanos que padecieron el peligro fue una ayuda fundamental para los cambios. Los controles que no sólo lucharon contra la desidia de quién es controlado sino contra la corrupción de quienes no quieren que le marquen los límites y están dispuestos a dar unos pesos "para la cervecita" con tal de seguir en falta. Las grandes obras que hicieron que la ruta de la muerte dejara de tener el peor de los apelativos. Hoy en un gran tramo es un camino de doble vía mucho más seguro que años anteriores. El gobierno nacional y el provincial deberían festejar estos éxitos que muchas veces se diluyen en medio de tantos millones que significa haber conseguido torcer el rumbo de la historia.
Esta semana se tuvo conocimiento de uno de los logros más esperado y por el que más dinero se debe haber invertido y por el que más se debe haber reclamado, criticado, rezado, protestado, lamentado los tucumanos. Sin embargo -y esto es lo más sorpresivo-, no hubo reacciones. Ni desde el oficialismo ni desde la oposición elevaron una voz para incentivar a los tucumanos a seguir por la misma senda o para exigir nuevos rumbos que puedan hacer que el próximo año se celebre por haber conseguido conservar para seres humanos vivos.
Ese es el divorcio ciudadano que sorprende. Según el informe estadístico de LAGACETA.com aquel martes hubo dos producciones sobre el tema: una convocó 1.128 visitas y la otra 357. Entre ambas no suman ni siquiera el promedio mínimo de los cliqueos que reciben las noticias más vistas entre las primeras 20 de cualquier día. Una buena noticia en la que trabajaron todos los tucumanos no pudo ser disfrutada por todos. Se entretuvieron con lo que le pasaba a Marcelo Tinelli, a Gran Hermano y a la mujer sin ombligo y entre los tres sumaron más de 60.000 clics.
Tal vez los propios funcionarios del Poder Ejecutivo le puedan explicar al mandatario provincial cuando se enoja por qué muchas veces aquellas informaciones cargadas de críticas o de "dedos en la llaga" suelen ser mejor recibidas por las autoridades del gobierno que él mismo conduce.
La semana que ya dijo adiós no sólo tuvo esta gran noticia, también vivió la otra cara de la moneda cual es la situación que se vive a raíz del consumo de droga que con lentitud y sin mucho esfuerzo mata a los tucumanos.
Es el revés de la trama del caso de los accidentes. Sin sentarse a conversar, sin tener políticas conjuntas, pero con un norte idéntico las víctimas por los accidentes de tránsito disminuyeron. En cambio, en lo que respecta al consumo de la droga no hay una mirada común ni un blanco claro ni un camino idéntico.
Los funcionarios intentan zafar del drama porque está tan lejos y tan poco clara la situación que es mejor pasar el mal trago, la mala noticia, el involucramiento público en el problema antes de encarar una salida definitiva. El gobernador José Alperovich reconoce pública y privadamente que no sabe qué hacer con el tema. Las autoridades de Seguridad y de Salud reconocen el problema más no ven la solución.
Es muy posible que todos sepan que en un principio deben romper una cadena de favores y que ello implica atacar a todos los implicados. LA GACETA ya denunció que hay vínculos con algunos efectivos de la policía. En su momento el gobernador, y esta semana, -el vice del vice que se fue de ministro nacional- Regino Amado advirtieron que no es sólo un problema de los sectores pobres. Implica, que se ataquen -de una vez por todas- en todos los frentes aunque eso provoque impopularidad.
Esa fue la forma en que se fue encerrando a la parca para que no termine haciendo de las suyas en las rutas.
Es muy posible que los dueños de ingenios ya se hayan olvidado de los tiempo en los que se molestaban porque los ciudadanos y los conductores se quejaban porque dejaban salir a sus carros cañeros sin luces y por lugares prohibidos. También se olvidaron de los improperios y de los zigzagueos de los motociclistas que buscaban escaparse, coimear o burlar los controles en vez de ponerse cascos. Finalmente, parece que sirvió, con la droga tal vez podría empezarse un camino conjunto por algo mejor.
Condicionales
Si las cosas caminan como están previstas, la Argentina tendrá un nuevo año de crecimiento, el octavo consecutivo desde la crisis de 2001. Casi una década. Plazo suficiente para pensar en cosas grandes. El país en serio, la provincia en serio. Pero si la recuperación económica ha conseguido bajar los índices de desnutrición, ocho años no han sido suficientes para aprender que la sociedad que previene es mejor que la que cura. El problema es que las instituciones, muchas instituciones, estén tan débiles que ya ni pueden apagar un incendio.
El liderazgo político deviene inútil cuando la iniciativa -esa capacidad de reacción que obsesionaba a Néstor Kirchner- depende de los vecinos y su capacidad de movilización para denunciar hechos consumados.
Cuestiones como los accidentes viales o el descontrol de la droga dependen del ciudadano y de la saturación de su tolerancia. De la impotencia de ver, por ejemplo, que el Parque San Javier es tierra de nadie, que los vivos se llevan hasta la ultima piedra del río Muerto y nadie controla. No se ponen limites a la irresponsabilidad. Nunca hubo tanto poder acumulado en tan pocas manos en una gestión democrática pero falta autoridad para aplicar la ley e impedir que los daños ocurran.
Casi una década de prosperidad dejan preocupantes fisuras en el bienestar social. Si las cosas no caminan como están previstas, una gran oportunidad se habrá ido por el resumidero. Por eso más que enojarse con las críticas, las autoridades deberían aprovecharlas, porque pueden devenir en buenas nuevas.