Hoy es el último día del vocal Alberto Brito en la Corte Suprema de Justicia de Tucumán (CSJT), tribunal al que llegó en 1993 y que coronó una prolongada y meteórica carrera en la Justicia provincial, donde ingresó en mayo de 1976, como secretario civil y comercial. Un año después, Brito accedió -por concurso- a la secretaría judicial de la Corte; en 1980 debutó en la magistratura con el cargo de juez civil y comercial (juró como camarista del mismo fuero en 1984). Potenciada con una presencia sigilosa, aquella apabullante trayectoria le valió un gran protagonismo en tribunales, aunque sin repercusión puertas afuera, donde Brito fue históricamente considerado el vocal del perfil más bajo.

El juez ha sido renuente a la exposición pública hasta el final de su magistratura, cuando declinó la entrevista que LA GACETA le propuso con el propósito de conversar sobre su experiencia judicial. La proximidad de la jubilación no modificó el modelo clásico de judicatura al que adhirió con fervor (hasta convertirse en uno de sus últimos exponentes), y que concibe al magistrado como un jurisconsulto imperturbable que solamente habla a través de sus sentencias.

En su entorno laboral, Brito es sinónimo tanto de enjundia jurídica y contracción al estudio de los expedientes -"se tomaba el trabajo de leer las causas, tarea que no es común en un vocal de Corte", precisó un ex colaborador- como de gran capacidad para incidir silenciosamente en los asuntos más delicados del Palacio de Justicia. "Un maestro para hacerte creer que no tomaba partido mientras participaba del tema como actor u operador. Decía poco y hacía muchísimo", describió un funcionario que trabajó muchos años a su lado.

El apego a cierto hermetismo acrecentó su fama de hombre taciturno e inescrutable. "De Brito se sabe que es católico y nada más", sentenció un veterano magistrado. También se conoce que fue el padre del Centro de Especialización y Capacitación Judicial fundado a mediados de 1990 y que, pese a que nunca quiso presidir la CSJT (aunque varias veces alentó los rumores de una potencial candidatura), tuvo una actuación destacada en la Junta Federal de Cortes.

Algunas fuentes añaden que intervenía en la movilización de los ascensos, que impulsó los primeros ensayos en gestión judicial y que bregó por la publicidad de los fallos del alto tribunal.

Para nada inadvertido

Así como en 1993 Brito llenó la vocalía que dejó René Padilla, en febrero -cuando tenga tratamiento el pliego en la Legislatura- Daniel Posse asumirá en su lugar. Así como Posse ha sido apadrinado por el gobernador José Alperovich, Brito llegó a la Corte con el auspicio de Juan Carlos Veiga, su entonces presidente, y Ricardo Falú, ministro de Gobierno de Ramón Ortega.

Muchos aplaudieron la llegada de un juez de carrera al alto tribunal. "Es un acto de justicia para con él", expresó Sergio Díaz Ricci, en su calidad de legislador, tras la ceremonia de asunción. Después, el letrado y académico Miguel Marcotullio definiría al magistrado como un jurista que llegó a la Corte "por derecho propio". Aquel acto institucional se celebró con la ausencia del vocal René Goane, par con el que Brito mantuvo una relación bastante tormentosa. Las diferencias de criterio entre ambos impregnaron la jurisprudencia reciente de la CSJT, como ocurrió en 2008, cuando Goane falló en favor de la inconstitucionalidad de la reforma de 2006 de la Carta Magna (voto en mayoría), en la histórica causa promovida por el Colegio de Abogados de la Capital; mientras Brito, en soledad, defendió la tesis contraria.

El destino se encargaba de unir a los que se empeñaban en distanciarse. En 2008, un pedido de destitución de Gumersindo Parajón contra Goane por haber desempeñado cargos públicos durante la última dictadura complicó a Brito, a quien el ex parlamentario radical Juan Roberto Robles de inmediato denunció por la misma causa (la Legislatura ordenó el archivo de ambos trámites).

Académico de alma, Brito hizo del Centro de Especialización una prolongación de su persona. Cuando los años y las dificultades en la Corte resfriaron el entusiasmo por aquel proyecto, el vocal se refugió en la maestría en Magistratura y Gestión Judicial creada en la Unsta a instancias del ex rector Veiga. Los discípulos de Brito subrayan su generosidad para debatir casos: muchos funcionarios y jueces usufructuaron el célebre fichero con citas jurisprudenciales que cultivó con meticulosidad. Los detractores critican que a ese halo de intelectual le faltó frontalidad. Algunos lamentan su partida, y consideran que la Justicia pierde a una gran autoridad. Otros la celebran. Según fuentes judiciales, Brito se manifiesta feliz con la decisión. Cierra sin dramatismo una historia de 34 años.