Una ciudad es el reflejo de quienes viven en ella. La destrucción y la falta de mantenimiento del patrimonio arquitectónico habla de una sociedad que muy poco le preocupa preservar su historia. En la tarde del domingo pasado, se desprendió un pedazo de mampostería del ex Plaza Hotel, ubicado en la calle San Martín 435. Afortunadamente, nadie circulaba en ese momento por la vereda.
Según el subsecretario de Planificación Urbana de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, luego del peritaje del antiguo edificio, podrán determinar cuál fue la causa y dijo que aparentemente, había una carga de humedad bastante fuerte en el sector del derrumbe. El funcionario señaló que si bien el ex hotel es en la actualidad una propiedad privada, forma parte del listado de los edificios que tienen interés municipal, razón por la que la Comisión de Patrimonio Histórico aconsejará qué hacer a los especialistas cuando llegue el momento en que estos deban restaurar la parte dañada. La misma situación parece afectar también al Jockey Club, la propiedad contigua. El técnico constructor y responsable del área de mantenimiento de esa sede indicó que el problema es bastante serio porque se ve que todo el hierro está humedecido y oxidado; ello sería la causa de del desprendimiento y sostuvo que algo similar está ocurriendo en el Jockey. En principio, los locales comerciales contiguos al ex hotel fueron clausurados, y se instaló un andamio. El encargado de uno de los negocios criticó el descuido y la falta de responsabilidad del Siprosa, que alquila el edificio. Allí funcionan las direcciones de Contrataciones, Recursos Financieros, Rendición de Cuentas y Sección de Compras Directas.
El Plaza Hotel fue proyectado por el constructor J.A. Pasteris por encargo de la sociedad compuesta por Julio Caínzo, Eudoro Avellaneda y Evaristo Etchecopar y se lo erigió en 1920. En el libro El patrimonio de los argentinos, se lo incluye entre los edificios importantes de la provincia y describe su frente como organizado simétricamente desde un eje exaltado mediante el volumen sobresaliente que forma balcones centrales y cubiertos. Indica que la fachada se constituye con elementos clásicos pero dispuestos de manera netamente antiacadémica. Viajeros ilustres se hospedaron allí y a lo largo de los años fue explotado por los hermanos Ventura y Antonio Rubiol y luego por sus sobrinos José y Pedro Rubiol Roca. En 1950, adquirió el hospedaje José Hevia Cueva.
En septiembre de 1990 circuló el rumor de que la piqueta -la herramienta preferida de varios de nuestros gobiernos- iba a caer sobre este inmueble pintoresco y valioso arquitectónicamente; afortunadamente, ello no sucedió. En agosto de 2006, fue adquirido por la Compañía Azucarera Los Balcanes, con la idea de convertirlo en un hotel de cinco estrellas y se anunció que se invertirían 9 millones de dólares. Al parecer, la firma adquirente cambió luego de idea porque siguieron funcionando allí los negocios y las dependencias del Siprosa. Finalmente, el martes pasado se levantó la clausura provisoria. El director municipal de Defensa Civil dijo que se había notificado a los propietarios para que evaluaran el estado general de la sede, así como el de las cornisas, molduras y ornamentación arquitectónica para evitar nuevos desprendimientos en la vía pública.
Los edificios valiosos y antiguos son como los ancianos, necesitan un cuidado permanente porque el paso de los años los vuelve cada vez más frágiles. Los europeos lo han entendido hace siglos y los explotan turísticamente. Mientras ellos los conservan, en Tucumán se los demuele o se los descuida. Con alguna periodicidad estos inmuebles históricos deberían inspeccionarse para evitar su deterioro y no reaccionar sólo cuando algún derrumbe sucede.