Desde 1975, le decían "la almita milagrosa". Los vecinos de Pozo Hondo, del departamento Jiménez, en Santiago del Estero, no sabían su nombre, pero se rumoreaba que le concedía "favores" a quienes se lo pedían con una plegaria. Se acordaban que vieron que su cuerpo era lanzado desde un helicóptero aquel año, pero la tumba en el cementerio municipal, por todo concepto, enuncia borrosamente "cadáver desconocido".

Ahora ya no lo es.

A partir de ayer se sabe que, desde el 2 de abril de 1934, cuando nació en Santa Lucía, en el departamento Monteros, en Tucumán, su familia y sus amigos le llamaban Francisco Tomás Toconás. Eso sí, en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), según los registros de los organismos de derechos humanos, le asignaron "Alberto" como "nombre de guerra". Según da cuenta nuncamas.org, se integró a la compañía de monte "Ramón Rosa Jiménez" el 13 de noviembre de 1974. Desapareció el año siguiente, cuando el general de brigada Acdel Vila comandaba el "Operativo Independencia".

La identificación positiva de los restos de Toconás fueron confirmados durante la mañana de ayer, cuando llegó al Juzgado Federal santiagueño el informe del Equipo Argentino de Antropología Forense, quien realizó estudios genéticos de los restos, luego de que el Canal 7 de esa provincia revelara que un NN estaba enterrado en Pozo Hondo (Ver "Una investigación...")

Estos mismos datos estremecieron hasta los huesos a Ester del Valle Toconás, a quien LA GACETA encontró durante la tarde de ayer en Santa Lucía.

"Muy golpeada"

El soberbio verdor del paisaje de la entrada a los altos Valles Calchaquíes contrasta con las casas bajas, grises y pobres de la comuna monteriza. Ese mismo contraste está pintado en el rostro de Ester, donde las mejillas bañadas de lágrimas conviven con una sonrisa más de alivio que de alegría. Como si la noticia que ya conocía (en mayo le tomaron muestras de sangre para los análisis forenses) hubiera cerrado una etapa de su vida y, a la vez, hubiera extinguido hasta la menor de las esperanzas.

"Mi mamá está muy golpeada: no creo que quiera hablar. Cuando le dijeron de todo esto, se puso muy mal", advierte Leonardo Delgadino, nieto del ahora aparecido Francisco Toconás.

Pero ella, de musculosa y un pantalón de jogging, recibe a este diario en la casa aún sin terminar de una sobrina, pasando el ex ingenio, y dice que quiere hablar, pero no puede. Acordó con sus hermanas, Rosalía y Victoria, que cuando lleguen de Buenos Aires (allí viven ellas) para la cena de Año Nuevo, discutirán si hablan con la prensa o no. Y se despide. Sonriente. Y llorosa.